DECIR DEL AGUA /
LIBROS RECIBIDOS
En esta sección saludamos los libros de poesía que hayan llegado a nuestras manos recientemente y que, desde luego, a nuestro juicio merezcan señalarse a la atención de los lectores. Los autores que decidan someter sus poemarios recién publicados a la consideración de esta revista deberán enviar un ejemplar de dicha obra
a la siguiente dirección:
Reinaldo García
Ramos
P. O. Box 403683
Miami Beach, FL 33140
Rogamos que solamente nos envíen obras que hayan sido publicadas en los últimos meses transcurridos desde la salida del número anterior de DECIR DEL AGUA.
Amelia del Castillo: Un pedazo de azul para el naufragio. Coral
Gables, La Torre de Papel, 2005, 50 págs.
Amelia del Castillo, autora de una de las obras más reconocidas
de la poesía cubana del exilio, acaba de publicar este hermoso cuaderno
en la Colección Contemporáneos, de la Editorial La Torre de Papel,
de Coral Gables. En una edición tersa y espléndida, sobria y
tibia como un apretón de manos, Amelia nos entrega en este poemario
una señal inequívoca de continuidad, de fervor, una prueba de vida
y creatividad, que enriquece su ya extensa bibliografía: recordemos
que su primer poemario, Urdimbre, data de 1975, y que desde entonces
su obra no ha dejado de crecer, con títulos tan destacados como Voces
del silencio (1978), Cauce de tiempo (1982), Las aristas desnudas(1991), que fue finalista del Concurso Letras de Oro, de la Universidad
de Miami, Géminis deshabitado (1994) y El hambre de la espiga (2000).
Del Castillo ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio
Cátedra Poética Fray Luis de León, de la Universidad Pontificia de
Salamanca, por su libro Agua y espejos (1986), y ha sido incluida,
como era de esperar, en las más destacadas antologías de poesía
cubana. En la página 18 de esta entrega de DECIR DEL AGUA
figura uno de los poemas incluidos en este, su más
reciente libro.
(Aquí concluye la sección LIBROS RECIBIDOS)
Undécima entrega / Julio de 2005 / página 19
Rolando
Jorge: Sombras viajeras. Miami, Centro de Artes Gráficas, 2005,
76 págs.
La voz de este poeta, nacido
en 1955, ya mostraba su singularidad temeraria en
el poemario anterior, La ciencia de los adioses (2003), pero en
este último libro cobra, sin lugar a dudas, resonancias mucho
más certeras y afiladas, que repercuten como rugidos y propuestas dolorosas
dentro de un espacio casi metálico. En ese espacio,
el lenguaje no concede armonías fáciles ni serenidades controladas,
sino que se escapa y salta hacia ruedos de lucha y rupturas violentas.
En poemas cortantes, donde ocurrren transiciones bruscas pero
rotundas, el autor va mostrando obsesiones literarias y existenciales, conversa
con el espectro de Pasolini, con amigos actuales como José Kozer,
con eminencias salvadoras como Franz Kafka y Anton Chéjov, y así va
armando una urdimbre angustiosa de indagaciones interiores y súbitos
contrastes. Los poemas de Jorge son muy cinematográficos
(en el libro hay una serie de textos sobre tres famosos filmes hindúes),
pues aglutinan visiones relampagueantes y penetrantes acercamientos
con la misma ligereza y precisión de un montaje habilidoso para la
pantalla. Es de esperar que esas visiones se agudicen y
ganen imantación en las próximas obras de este autor.
William Navarrete: Edad de miedo al frío. Cádiz,
Editorial Aduana Vieja, 2005, 76 págs.
William
Navarrete, cubano que reside en París (donde ha llevado a cabo una
destacada labor de activista político), ha dado en los últimos años
pruebas inequívocas de inagotable energía como escritor.
Hace apenas un año, la revista DECIR DEL AGUA se hizo eco de la aparición
de una obra suya, la antología Ínsulas al pairo (2004).
Hoy nos alegra recibir un nuevo poemario, Edad de miedo al frío, que
acaba de salir en Cádiz por la Editorial Aduana Vieja. Con frescura
y paciente habilidad, el autor parece buscar en este libro vías de
contacto fervoroso entre sus dos vivencias culturales evidentes: su
experiencia como cubano y sus años de vida como intelectual de América
que permanece en Francia. En los poemas de este libro hay constantes
referencias a ambas culturas, que el autor busca entretejer con delicadeza
y firme voluntad. Al comentar esta obra, el crítico Daniel
Fernández señaló en El Nuevo Herald que "a veces, lo antillano y lo
francés colisionan sabrosamente" y destaca que "hay aquí amor y humor;
tristeza y erotismo, culteranismo elegante con toques de rococó y
coloquialismos a ultranza; pero sobre todo, es éste un libro transido
de belleza". Subrayemos, desde luego, el adverbio "sabrosamente"
y tendremos así una idea del ámbito poético al que Navarrete
nos invita.