DECIR DEL AGUA /
LIBROS RECIBIDOS
En esta sección saludamos los libros de poesía que hayan llegado a nuestras manos recientemente y que, desde luego, a nuestro juicio merezcan señalarse a la atención de los lectores. Los autores que decidan someter sus poemarios recién publicados a la consideración de esta revista deberán enviar un ejemplar de dicha obra a la siguiente dirección:
Reinaldo García
Ramos
P. O. Box 403683
Miami Beach, FL 33140
(Rogamos que solamente nos envíen obras que hayan sido publicadas recientemente.)
Guillermo Aldaya: Fuera de set. Rio de Janeiro, FA Editoraçâo Eletrônica, 2004, 96 págs.
En esta entrega de DECIR DEL AGUA, dedicada
casi por entero a la poesía y el arte de Brasil, nos hacemos eco con
gusto de la obra de un poeta que reside en Rio de Janeiro, pero que
no es brasilero, sino cubano. Guillermo Aldaya nació en Holguín,
en el oriente de Cuba, en 1953, y desde hace algunos años vive en
Brasil. Tiene una destacada obra de pintor, por la que ha recibido
varios premios y reconocimientos. Sus poemas y trabajos periodísticos han
aparecido en diversas publicaciones de su país natal y del extranjero. Fuera de set es su primer poemario y recoge dos cuadernos
escritos en Cuba en los años '80. Aunque en la solapa
se afirma que este autor es "un hombre vencido por la espera",
los textos que integran este cuidado volumen no trasmiten derrota,
ni desesperación, sino un paciente y concentrado estoicismo.
Tal vez el mismo sentimiento que domina a muchos otros seres en
países sojuzgados, en situaciones de encierro, de asfixia política,
de opresión existencial. Pues, eso sí, no hay evasión en
estos versos, el autor no se refugia en altivas ironías; al contrario,
se entrega a la erosión que le causan los hechos: "no está bien
/ abdicar de las heridas" , afirma en uno de sus poemas. Ese
tono digno predomina en el libro.
(Aquí concluye la sección LIBROS RECIBIDOS)
Pablo de Cuba
Soria: El libro del tío Ez. Miami, Ediciones Itinerantes
Paradiso, 2005, 68 págs.
Las Ediciones Itinerantes Paradiso, que dirige
e impulsa con notable vigor el poeta y ensayista cubano Ignacio
T. Granados, retoman con este poemario su propósito inicial, ahora
renovado, de "provocar un fluido estético" (según un volante que
se distribuyó en la presentación de este libro en Miami). Ese ímpetu editorial
merece un saludo jubiloso. Y en ese elogiable intento, Granados
nos invita ahora a recibir la obra de Pablo de Cuba Soria,
un poeta cubano muy joven (tiene 25 años) que se sumerge
en la escritura con indudable voluntad iconoclasta y una pericia voraz
para tensar las texturas del discurso y llevarlas a sus
extremos más desconcertantes. Conocedor de las estéticas de
ruptura y de sus inevitables espejismos, pero jugando sobre
todo con las redenciones ilusorias de la posguerra y la simplicidad
de los prejuicios políticos o las aberraciones de la historia, el
autor evoca en el "Tío Ez" a un Ezra Pound circunstancial, ceñido
a sus interacciones momentáneas, y nos entrega un conjunto
de versos arriesgados, irreverentes, pero agudos, que nos acometen
con astucia y que provocan ansiedad. Ese afán irreverente estuvo
en Pound, en tonalidad mayor, y de ahí procede. O sea, estamos
ante un libro inquietante, cargado de riqueza mental, armado de perplejidades
promisorias y escepticismos deseados; una voz que parece beber
en numerosas lecturas y en otros laberintos portentosos.
Eduardo López
Pascual: Hojas para una calma. Cieza, Asociación Cultural Pueblo
y Arte, 2002, 56 págs.
El autor de este
libro, nacido Baza (cerca de Granada) en 1939, ha escrito además una
decena de poemarios y una trilogía narrativa. Ha sido maestro
de escuela y profesor de institutos técnicos, y ha realizado diversas
tareas de promoción cultural desde Cieza (Murcia), ciudad donde
reside, y donde es miembro de la Asociación Cultural Pueblo y Arte.
A juzgar por este libro, estamos en presencia de un poeta que, ante
todo, sabe disfrutar de la palabra, teje sus ritos expresivos con
elegante pero modesto placer, sin aspiraciones tremendistas ni gestos
grandilocuentes. Su voz se incribe en la gran tradición
de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, y en sus versos
se respiran saludables huellas de los maestros de la lengua.
Hay en estos poemas una sencilla calidad verbal, una limpidez semántica
que proviene del contacto sosegado, casi se diría "natural", con el
idioma vivo, con el lenguaje diario y su capacidad para trasmitir verdades
interiores. Inevitablemente, la guerra y sus secuelas
(o sea, la guerra civil, y las otras de múltiples rostros) son temas
que resuenan en estas páginas, pero no les confieren amargura.
El lector encontrará una obra digna, escrita con serenidad
y soltura, proveniente de una vida aceptada a fondo.
Duodécima entrega / octubre de 2005 / página 19