DECIR DEL AGUA /
NOTA INICIAL /
Reinaldo García Ramos
Editor /
Revista de poesía DECIR DEL AGUA
Decimotercera entrega / enero de 2006 / página 3
El
mar que nos conduce y nos acerca
Waldo Balart: Seis
módulos, 2001, de 110 x 110 cm cada uno, acrílico sobre lienzo.
...los viajes por el mar, en los
que todos somos compañeros de los otros
de una especial manera, como
si un misterio marítimo
nos aproximase las almas y nos tornase por
un momento
patriotas transitorios de una misma patria incierta
desplazándose
eternamente sobre la inmensidad de las aguas...
ALVARO DE
CAMPOS [Fernando Pessoa]
Oda marítima
Tras la visita entusiasta a la poesía y el arte de Brasil que efecutamos
en nuestra entrega anterior, DECIR DEL AGUA cambia ahora
de rumbo, para proseguir su navegación deseosa, buscando asombros,
raíces, respuestas y misterios. En esta edición lanzamos una
mirada de reconocimiento y saludo a España, a nuestra
España, a la matriz de nuestra lengua, en la que escuchamos la
voz necesaria de nuestros ancestros. Como parte de
esa mirada virtual a toda España, mirada que sin duda se ampliará
en entregas futuras, en esta edición acogemos las obras de ocho
poetas jóvenes de Andalucía.
Buscamos iniciar así un acercamiento
reverencial a quienes nos legaron el tesoro que nos salva: el idioma
español. Sin la gran tradición poética de España (es decir,
sin Góngora, sin Quevedo, sin Lorca, sin Cernuda, sin Unamuno, sin
Machado y tantos otros), los que hoy hablamos castellano del
lado de acá del Atlántico no sabríamos muy bien qué decir en
unos versos.
La experiencia ha sido estimulante: al leer los
textos de estos autores andaluces se comprueba a la vista que si bien
existe un océano que nos distancia en la esfera física,
hay otro mar intangible en que nos acercamos todos (como bien
supieron presentir Pessoa y su alter ego, Alvaro de Campos),
en una travesía atemporal y mágica, efectuada "de especial manera"
por ese "misterio marítimo" que es la expresión poética.
Acogemos con orgullo en nuestras páginas la participación
de estos ocho autores de Andalucía, que con tanta generosidad nos
han permitido publicar sus poemas, muchos de ellos inéditos.
Como editor de esta revista, quiero hacer constar aquí mi agradecimiento
sincero y mi admiración a todos ellos. DECIR DEL AGUA se ha
enriquecido, sin duda alguna, con estas voces renovadoras.
Pero
toda esa voluntad generosa no habría dado resultados concretos si
esos excelentes poetas y esta revista no hubiéramos contado con
la
disposición y la
experiencia de Pedro José Vizoso, nuestro editor invitado en
esta entrega. En la selección que él nos presenta se perciben los
conocimientos y el rigor intelectual, pero también la sensibilidad
amplia, la capacidad de vibración apreciativa en diversos registros.
Eso le ha permitido darnos un conjunto de textos variado y representativo.
Además, cabe destacar que a pesar del estrecho plazo que le propusimos, Vizoso
acogió el proyecto con entusiasmo y lo entregó en fecha,
sin desatender en modo alguno sus deberes académicos en New Mexico
State University. Le expresamos aquí nuestra más profunda
gratitud.
Hay
otros dos aspectos que enriquecen esta entrega y que quiero destacar.
El primero es la sección ESPACIO TEMÁTICO, que apareció en varios
de los primeros números de nuestra revista y que ahora he podido presentar
nuevamente. En esta ocasión, en lugar de un tema determinado,
propuse a los poetas invitados que me enviaran textos dedicados a
otros poetas. Confieso que al seleccionar a los autores y al
mandar la invitación me sentí un tanto escéptico; dudé de que la idea
realmente despertara el interés, lograra inspirar a muchos. No
siempre los poetas se sienten cómodos con estos "pies forzados", me
parece. Pero, como tantas otras veces, yo estaba equivocado
en mis sospechas: el resultado demostró que la idea era acertada; de
diez poetas invitados respondieron siete, y la calidad de los poemas
habla por sí misma. Doy las gracias a esos siete autores
por haberme demostrado mi error, y por haberse lanzado con tanta fe
creativa a las aguas del decir.
El segundo y último aspecto reluce
con presencia propia en varias de las páginas de esta edición:
son los lienzos misteriosos de Waldo Balart, donde
la luz y los colores pugnan incesantemente por aumentar su previa
intensidad y se fecundan en una interacción germinativa, en que cada
matiz parece transformar su brillantez y cada forma parece moverse
una y otra vez en su quietud indefinida. Gracias, Waldo, por
haber regalado a nuestras pupilas tanta fuerza.