DECIR DEL AGUA /
OTROS ÁMBITOS /
Ocho poetas jóvenes de Andalucía
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Poemas de Manuel Moya

EL RÍO

Decimotercera entrega / enero de 2006 / página 5

CANCIÓN DEL VOLGA

Me quiero navegable como el Volga

y que un hato de esturiones o de tencas

salten por mi estómago.

En invierno quiero dar calor a una comarca

y en verano arrancar el escalofrío de un niño.

 

Me quiero navegable

y que los barcos crujan en mis huesos

y bailen las muchachas

al compás de una orquesta,

que los viejos pesquen en mi orilla

y al arenero no falte su jornal,

su vaso de alma.

 

Me quiero navegable

y ser reflejo de esos pájaros

que cruzan volando el continente,

nubes a quienes nada importa quedarse

     [en el camino

o deshacerse como uva en el lagar del cielo.

 

Me quiero navegable y estar pasando ahora

y cantar a mi modo

canciones muy sencillas y tristes.
(Inédito)
Gabriel Lizárraga:  Madrid, 2004.  Foto digital.

No me creeréis. De cuando en cuando un río viene a visitarme. Un río tan pequeño que apenas pesa nada. Cruza por mi puerta y un poco sorprendido mira el zócalo, las rejas, el alero. No sabe que es un río. No sabe que es pequeño. Recuerda, sí, que otras veces pasó por este sitio, bajó esta calle y se perdió, humilde, por el caño.

 

Tiene, como el vencejo, sus fechas convenidas y guarda memoria inquebrantable de un mar que no conoce.

 

Mi río es tan pequeño que se olvida con frecuencia de nacer y, ya nacido, se olvida de morir.

 

Lo he visto correr seco, vacío, olvidado de sí mismo, y como el pájaro que ignora que es calandria o golondrina, pero sabe del Sur y del Estrecho, mi río se presenta cada invierno modesto como un dios.

 

Mirad: no está. Corre en mí mismo.
(De Sitios del agua)

A cada hombre su luna y su salario,

su tanto de sal, su pobre mano

abrasada y hueca. Yo fui

con esos hombres y como uno de ellos

he vuelto a casa con la luna en los ojos.

Como cualquiera de ellos

he visto sucederse la lluvia en los plantíos

y el sol en los últimos jaguarzos de la tarde,

cuando es la luna todavía un ojo helado.

 

Cada hombre tiene su luna y su prodigio,

su tormenta y su hora de estar viendo llover

impasible a la lluvia. Yo vi a los hombres,

a muchos de esos hombres llegar ante mi puerta,

llamarme por mi nombre y pues he sido

uno de esos hombres, y con ellos

dormido en el barbecho

y grabado en este tronco mi memoria

y su sazón, espero ahora,

aterido y débil, la luz de mi salario.

(Inédito)

Manuel Moya nació en 1960 en Fuenteheridos, lugar donde reside. Ha publicado La noche extranjera (1994),  Las islas sumergidas (1997), Salario(1998), Pese al combate (2000), Lección de sombras (2001), Habitación con islas (1999, antología de los libros anteriores), Taller de máscaras (2002),  Interior con islas  (2006, en curso de publicación) y, bajo el seudónimo de Violeta C. Rangel, La posesión del humo (1998) y Para nada (1999). Obtuvo, entre otros, los premios Gabriel Celaya, Ciudad de Córdoba, Leonor y Fray Luis de León.  Dirige con Gerhard Illi la revista digital Hwebra (http://www.hwebra.com).

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