DECIR DEL AGUA /
Decimotercera entrega / enero de 2006 / página 17
ESPACIO TEMÁTICO /
De los poetas para los poetas
(continuación)
Gladys Zaldívar

CONVERSACIÓN CON EMILY DICKINSON

Con la canción ríspida de sus hojas y el ajetreo de las ardillas el otoño acarrea

paraísos redondos como nueces.

El sillón frente a la ventana acoge el cuerpo tembloroso de Emily que oprime contra

su pecho un libro, ataúd de una rosa en su perfil.

La luz extendida sobre el alféizar la envuelve sin tocarla;

calladamente traduce la biblia de los saltamontes,

explica la cárdena vestidura de los tulipanes

mientras abriga sus manos con la taza de manzana caliente.

Emily, Emily, la llamo en un susurro y acude con un trébol

engarzado en sus palabras y el corazón deshecho  en fúnebres migajas,

el legado de amor para los petirrojos.

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(Aquí concluye la sección ESPACIO TEMÁTICO)

Pregunto por el texto, aéreo de compasión, que le escriben los murciélagos,

pregunto por su bandera de abejas ondeando en la catedral  de olmos

y me responde con un viento sombrío y un ramillete de margaritas secas.

Se aleja la tarde con su manto de soledad y enciende ella entonces el farol,

que ilumina su rostro, pálido y afilado de sufrido fantasma.

“Todos visitan mis senderos y repiten mis discursos esenciales

con palabras ya cubiertas de nieve y arrastradas,

arrastradas con las piedras hacia el fondo de las aguas.”

Busco el rostro, aprieto sus hombros delicados

y le digo que el amor es una luz oscura delante de los ojos,

que teje hilos invisibles alrededor de corpúsculos que conforman la piedad.

Pero esto lleva mucho tiempo, Emily.  Aguarda en tu casa de granito

o quizás en algún otro sitio con tu falda de brisa tejida por los colibríes.

Aguarda, Emily, que el bosque de la eternidad te pertenece

porque tu corazón está hecho de mariposas

y tu pie tamborilea el mundo como un ciervo en la espera.

Dos fotos de Emily Dickinson.
Gladys Zaldívar nació en Cuba y vive en Estados Unidos.   Poeta y ensayista, es graduada de la Universidad de Maryland y ex profesora de Western Maryland College.  Fue coeditora y colaboradora de Epitafios, de Severo Sarduy, y es autora de nueve poemarios, entre ellos La baranda de oro (1981) y Viene el asedio (1987).   En 2005 apareció De la trova provenzal al barroco hispánico: la poesía de Gladys Zaldívar, una compilación de ensayos sobre su obra lírica.
Orlando Rossardi

MI SOMBRA

Por las ruas lisboetas Fernando Pessoa

pasea —y medita— con su sombra.

Mi sombra se me sube a los zapatos,

se arrastra tibia, deshojada, cautelosa

y se echa a andar dejando su inocencia

por los bordes, sin prisas, seriamente,

besándome los dedos de la mano.

Se vierte de ella en ella misma y se devora,

como si no fuera  a acontecer en su reposo

y su cuerpo intacto ya no fuera el cuerpo mío.

 

Mi sombra se columpia, se incorpora

y posa, como amada, a mi costado;

se cuela y precipita de un lado al otro de la calle,

y se va luego, sola, regada en las aceras

sumándose a las cosas que fluyen por la vida.

 

Mi sombra escala y me penetra el alma,

me llama por un nombre que no entiendo

y se me anida, con su luz, entre las piernas

con sus ropas renegridas y fragantes,

entre vuelcos y revueltas, como si ella fuera,

--y yo con ella--, un solo y preterido cuerpo

como si todo ese ir y venir fuera una seña,

la ruta más exacta de uno hacia uno mismo,

el puerto de ida y vuelta a Tierra Firme.

Fernando Pessoa.
Orlando Rossardi  [Orlando Rodríguez Sardiñas] nació en La Habana en 1938 y salió de Cuba en 1960.  Su obra ensayística y de dramaturgo ha aparecido en varios libros y revistas literarias en Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos. Ha publicado, entre otros volúmenes, la antología  La última poesía cubana (1973) y el estudio Historia de la literatura hispanoamericana contemporánea (1976), así como los poemarios  El diámetro y lo estero (1964), Que voy de vuelo (1970), Los espacios llenos (1991) y Memoria de mí (1996).