ANTEPASADOS
Platícame
dime cómo fue
que
tus antepasados
llegaron a Chihuahua.
Te veo
y veo extensas llanuras
bañadas
por el sol
de un otoño benigno:
eres mujer, eres niño, eres ave.
Háblame
de las migraciones
en busca de buena caza,
háblame de las enfermedades,
de
la guerra, de la muerte,
de las nevadas implacables
cuando todos se
reunían
alrededor de las fogatas
a contar las mismas historias
y a guardar
el silencio de siempre.
Eras el viento que hacía temblar
las carpas y apagaba el fuego,
eras la noche y su recogimiento.
Te veo
y veo esas
historias en tus pómulos,
los trabajos de parto,
la comida, la limpieza,
la
espera interminable,
la violencia, el abandono o la viudez:
eres el
llanto y la gritería de los niños,
el último suspiro, el hambre,
las
heridas, el abrazo después del amor.
Dime
cómo fue
que esa sangre
pudo
emigrar de aquellas latitudes
que en tus ojos se repiten
como si fueran
horizontes
aprendidos
de memoria.
Platícame lo que ya no sabes
o solamente desnúdate,
porque
si la mente olvida
el cuerpo recuerda siempre.
ABANDONOS
Si te abandoné,
si te he abandonado tantas
veces,
¿hay razón aún para que vuelva?,
¿hay razón aún para que me recibas?
Estar
es estar lejos,
llevar imágenes como el río
se lleva las piedras
hasta
desembocarlas en el golfo.
Sin embargo, algo se ha quedado:
un rastro
de viento en los parques,
una línea blanca sobre las calles,
un expendio
de palabras
y recuerdos
en cada esquina.
Si te abandono de nuevo
es porque también me quedo,
aunque
no quiera,
en tus edificios más viejos,
en tus lotes baldíos,
en tus
casas abandonadas.
Mientras tanto,
extiende hacia mí tu corazón,
dámelo
todo
aunque me dejes vacío.