DECIR DEL AGUA /
(continuación)
Verónica Leiton: Después del viento , 2006.  Óleo sobre papel, 20.5 x 26 pulgadas. 
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UNA HABITACIÓN DE ARLES

Carlos Pintado (Pinar del Río, 1974).  Concluyó estudios de Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas en la universidad de su ciudad natal en 1996.  Salió de Cuba en 1997.  Ha publicado poemas y ensayos en diversas revistas.  Su poemario El diablo en el cuerpo apareció en 2006 por Bluebird Editions.   Recibió recientemente el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi 2006, otorgado en Gerona, España, por su libro  Autorretrato en azul.   Los textos que publicamos pertenecen a su poemario inédito Casa en ruinas.

Decimocuarta entrega / abril de 2006 / página 15
Carlos Pintado
PUERTAS ABIERTAS

Nada conmueve más que aquella silla,

Que el pintor ha dejado ya inconclusa,

Quizás imaginando la difusa

Maraña de la luz, la pesadilla

De vivir nada más con una oreja.

Nada perturba el cuadro; la agonía

La sentimos nosotros; la agonía

De él no existe. La silla tan perpleja

Sigue en su tiempo inconmovible y sola.

Poco importa la pipa que figura

Inaccesible al humo que no puede  

Alzarse del dibujo. Triste y sola

Ha de quedar por siempre en la pintura,

La silla que otra suerte ya no puede.

PINAR DEL RÍO, GLORIETA DEL PARQUE DE LA ALAMEDA

El que me espera sin decir palabra

Con sus oscuras ropas tan antiguas

Hablando sin hablar qué cosas siempre,

Contándome qué historias y entresijos,

En el banco del parque en el que espero

Con mis oscuras ropas tan antiguas

Hablando sin hablar qué cosas siempre

Contándole qué historias y entresijos

En el banco del parque en que me espera

Sin murmurar siquiera algún cansancio,

Y así los dos nos vamos saludando,

Con las mismas palabras tan iguales,

Repitiendo las mismas cosas siempre

Esperando qué instante, qué momento.

HOMBRE CON CABEZA DE PÁJARO

El hombre es un dios cuando sueña
Hölderlin

Acaso sueño o duermo. ¿Quién lo sabe?

¿Qué prodigios el reino me confiere?

De luz y sombra un sueño ya me hiere,

Un sueño que en mi sueño nunca cabe.

El suplicio del hombre es el del ave

Que breve y silenciosa cielos quiere,

Un ave que sin dudas me confiere

La gloria y el amor, oscura llave

Que tantas puertas abre y tantas cierra.

Acaso desde el sueño me contemplo,

Negándome el olvido, oscuro templo.

Acaso desde el sueño alguien me encierra.

Sé que he de despertar y ser testigo,

También verdugo, juez, tal vez amigo.

UN TAPIZ DONDE EL BOSQUE SE ILUMINA

En el bosque de Erec y Enid
Chrétien de Troyes

Amanecer que siempre estás llegando

Y llegando te quedas impasible,

Fijado por el tiempo que terrible

Oculta ya tus bestias murmurando.

Saberte tan lejano como el sueño

Hiere como la flecha que lanzada

Vuela, fugaz, ansiosa en la soñada

Urdimbre del tapiz del entresueño.

Y sin embargo nos quedamos viendo

Los altos pinos donde la penumbra

Niega la breve luz, la que no alumbra

Siquiera ya las cosas que van siendo.

Todo está suspendido y muy distante

En la tela, en el tiempo, en el instante.