UNA HABITACIÓN DE ARLES
Carlos
Pintado (Pinar del Río, 1974). Concluyó estudios de Licenciatura
en Lengua y Literatura Inglesas en la universidad de su ciudad natal
en 1996. Salió de Cuba en 1997. Ha publicado poemas y
ensayos en diversas revistas. Su poemario El diablo en el cuerpo apareció
en 2006 por Bluebird Editions. Recibió recientemente el
Premio Internacional de Poesía Sant Jordi 2006, otorgado en Gerona,
España, por su libro Autorretrato en azul. Los textos
que publicamos pertenecen a su poemario inédito Casa en ruinas.
Nada conmueve más que aquella
silla,
Que el pintor ha dejado ya inconclusa,
Quizás imaginando la difusa
Maraña
de la luz, la pesadilla
De vivir nada más con una oreja.
Nada perturba
el cuadro; la agonía
La sentimos nosotros; la agonía
De él no existe.
La silla tan perpleja
Sigue en su tiempo inconmovible y sola.
Poco importa
la pipa que figura
Inaccesible al humo que no puede
Alzarse
del dibujo. Triste y sola
Ha de quedar por siempre en la pintura,
La
silla que otra suerte ya no puede.
PINAR DEL RÍO, GLORIETA DEL PARQUE DE LA ALAMEDA
El que me
espera sin decir palabra
Con sus oscuras ropas tan antiguas
Hablando
sin hablar qué cosas siempre,
Contándome qué historias y entresijos,
En
el banco del parque en el que espero
Con mis oscuras ropas tan antiguas
Hablando
sin hablar qué cosas siempre
Contándole qué historias y entresijos
En
el banco del parque en que me espera
Sin murmurar siquiera algún cansancio,
Y
así los dos nos vamos saludando,
Con las mismas palabras tan iguales,
Repitiendo
las mismas cosas siempre
Esperando qué instante, qué momento.
HOMBRE CON CABEZA DE PÁJARO
Acaso
sueño o duermo. ¿Quién lo sabe?
¿Qué prodigios el reino me confiere?
De
luz y sombra un sueño ya me hiere,
Un sueño que en mi sueño nunca cabe.
El
suplicio del hombre es el del ave
Que breve y silenciosa cielos quiere,
Un
ave que sin dudas me confiere
La gloria y el amor, oscura llave
Que
tantas puertas abre y tantas cierra.
Acaso desde el sueño me contemplo,
Negándome
el olvido, oscuro templo.
Acaso desde el sueño alguien me encierra.
Sé
que he de despertar y ser testigo,
También verdugo, juez, tal vez amigo.
UN TAPIZ DONDE EL BOSQUE SE ILUMINA
Amanecer que siempre
estás llegando
Y llegando te quedas impasible,
Fijado por el tiempo
que terrible
Oculta ya tus bestias murmurando.
Saberte tan lejano como
el sueño
Hiere como la flecha que lanzada
Vuela, fugaz, ansiosa en la
soñada
Urdimbre del tapiz del entresueño.
Y sin embargo nos quedamos
viendo
Los altos pinos donde la penumbra
Niega la breve luz, la que
no alumbra
Siquiera ya las cosas que van siendo.
Todo está suspendido
y muy distante
En la tela, en el tiempo, en el instante.