DECIR DEL AGUA /
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(Aquí concluye la sección PUERTAS ABIERTAS)

DILEMA

Rodrigo de la Luz (Villa Clara, Cuba, 1969).  Estudió actuación y dirección escénica en el Teatro Nacional de Cuba. Salió de su país en 1998. Ha publicado el poemario Mujer de invierno  (2002).  Sus poemas han aparecido en revistas y periódicos de los Estados Unidos y en diversas publicaciones electrónicas. Reside en Miami.  Los poemas que aquí figuran eran inéditos.

Decimocuarta entrega / abril de 2006 / página 17
PUERTAS ABIERTAS
Rodrigo de la Luz

EL CRISTO VIEJO

Hace ya muchos años

que nadie viene a pedir perdón

por los pecados.

 

El comején roe mis brazos sin cesar.

 

Unos pocos ancianos

y una muchacha hermosa

vienen a dejar pequeñas limosnas a mis pies.

 

Me he puesto viejo a la intemperie,

he permanecido por años

al aire libre del claustro de la iglesia.

 

Y aunque alguien robó los clavos que me ataban

aún permanezco crucificado eternamente.

 

Soy de una madera muy barata,

no como esos preciosos crucifijos

que viven bajo techo.

 

En mi mano derecha hace algún tiempo

una pareja de palomas hizo nido;

luego anduvieron volando por el pueblo

como llevando un mensaje de fe.

 

En la época de vientos y tornados

se me cae la corona varias veces

y araña la madera de mi rostro.

 

En ocasiones parece que lloro

pero es la cera que el sol ha derretido

y ahora relumbra en la noche misteriosa.

 

Yo soy un Cristo más,

yo soy un Cristo,

estoy desnudo como muchos otros

pero mi desnudez es aún más grande

y la herida que llevo a mi costado

nadie la ve, no sangra, pero duele.

Louis Ocepk: Ritual Figure One, 2004.  Xilografía, 20.5 x 12.75  pulgadas.

Vuelvo al silencio de las ecuaciones,

a mi soledad geométrica,

a la memoria de crucigramas siempre en vilo.

 

Vuelvo a la acera de pasos que deambulan,

a la palabra y la frase ininteligibles,

a los alucinantes resplandores.

 

Vuelvo de nuevo a las visiones progresistas,

a mi idea natal de estrella libre,

a las ventanas que se cerraban en mi espalda.

 

Vuelvo, finalmente asisto con los ojos vendados

a la primera emanación casi divina.

 

Cómo se fue borrando el alfabeto

y de pronto me ví desamparado.

 

Loado sea quien toque a esta puerta,

quien extienda una mano caritativa y ciega;

pero el que toque o la que toque a esta puerta

debe saber que...

le serán dadas la esperanza y la renuncia

y elegirá cuál va a decir su nombre;

le serán dadas las múltiples deshoras

que regodean sin los deleites del ayer.

 

Se vestirá de monja o de soldado,

se vestirá de prostituta o de bufón.

 

Entonces bastará con la mirada

sin lágrimas de vieja arquitectura

para intentar —una vez más— dejarlo todo.