¿Cómo y cuándo conociste a Jorge? ¿Qué te impresionó más de él en esos primeros momentos?
Conocí a Jorge Oliva en el edificio
de becados universitarios de 12 y Malecón, en La Habana. En septiembre de 1964, cuando Jorge ingresa en la Escuela de Letras
y llega a la beca, ya yo residía allí, como estudiante de la Facultad de Tecnología. Coincidíamos a menudo en el ascensor, en
el comedor y otras áreas comunes del edificio, donde intercambiábamos saludos y cortos diálogos. Fue después, en el llamado
Salón de Estudios de la beca, donde realmente comenzamos a conversar y a conocernos mejor. De estas conversaciones surgió una
genuina amistad, y descubrimos, entre otras cosas, que había un lugar común en nuestras vidas, Pinar del Río, mi ciudad natal, donde
él había alfabetizado. Lo que más me impresionó de él en aquellos momentos fue su sentido del humor, su aguda capacidad crítica,
su ironía, y ese modo muy suyo de parodiar y jugar con las expresiones cultas y populares de la lengua; además, me gustó su avidez
por participar en todo lo que considerara novedoso; su interés no sólo por el arte, sino también por las ciencias. Por ejemplo,
siempre se sintió fascinado por la astronomía y las naves espaciales.
¿Ya él escribía poemas cuando lo conociste? Si no, ¿cuándo crees que empezó a escribir poesía? ¿Él te mostraba sus textos
antes de publicarlos?
Creo que no escribía poemas en esa época. Si lo hizo, no lo decía, imagino que por obvia timidez. En alguna ocasión, cuando ya éramos más amigos, me confió que había escrito algo de poesía, pero que no estaba satisfecho, que tenía
mucho que aprender antes de sentarse a escribir seriamente.
A mi entender él empezó a escribir poesía unos años después, cuando interrumpió sus estudios en la Escuela de Letras por enfermedad,
a mediados de 1967, y se retiró a Guantánamo. En su pueblo natal, lleno de las imágenes y los recuerdos de su infancia, rodeado
de libros y con el tiempo necesario para leerlos, encontró el escenario y los incentivos ideales para sus primeros poemas en firme. Por esa época conoce a Flora Boti, hija del poeta cubano Regino E. Boti. Como es sabido, se casó con Flora y el matrimonio
duró cierto tiempo. Fue entonces que empezó a mostrarme sus textos, y después siempre lo hizo. Decía, con su ironía
habitual, que mi opinión era “científica y racional”, y me pedía que le pusiera las tildes donde iban.
¿Recuerdas cómo era él en sus años de estudiante universitario en Cuba?
Además de ser simpático y de tener buena apariencia
física, Jorge tenía un estilo muy personal de vestir, una elegancia innata que lo distinguía de los demás estudiantes; era optimista,
siempre estaba alegre. En la beca, gracias a su ingenio, se convirtió en el centro de un grupo de amigos de distintas Facultades,
y se las arreglaba para organizar y dirigir todo lo que hacía ese grupo. Así nos reunía, por ejemplo, para el estreno de una
película, para un ciclo de cine expresionista en la Cinemateca o para ir a la playa, o incluso para “arrollar” al ritmo de las congas
en el carnaval.
¿Cómo crees que evolucionó su visión de la literatura, y en particular de la poesía, tras establecerse en Estados Unidos?
Enormemente. En Cuba él añoraba leer muchos libros de los que tenía noticias, pero que no estaban disponibles en el país. Cuando se estableció en Nueva York, pudo ponerse en contacto directo con las tendencias recientes de la literatura, y en particular
con la obra de los poetas que estaban experimentando en busca de nuevas formas. Eso hizo que su poesía encontrara un lenguaje
más amplio, o quizás más atrevido, que Jorge aprovechó en mi opinión para expresar sus propias vivencias, al mismo tiempo que
descubría la ciudad y su gente.
¿Cómo ocurrió su ingreso en la Universidad de Columbia y qué repercusiones crees que ese hecho tuvo en su vida y en sus perspectivas
intelectuales?
Desde su llegada a Nueva York, el principal objetivo de Jorge fue continuar sus estudios universitarios. Con
ayuda de un programa de la Ciudad para estudiantes de bajos ingresos, pudo reiniciar sus estudios en Hunter College, donde cursó
varios semestres. Con los créditos obtenidos en el College y las certificaciones de sus estudios realizados en Cuba, se
presentó al examen de ingreso en la Universidad de Columbia y lo aprobó.