DECIR DEL AGUA
Revista digital de poesía
Cuarta entrega / Agosto de 2003
Editor: Reinaldo García Ramos /
Copyright 2003 / Los textos que figuran en la presente publicación son propiedad de sus autores o del editor. Se prohíbe su reproducción por cualquier medio, a menos que se obtenga autorización expresa y por escrito de esas personas.
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LOS ANIMALES, LA ISLA
La presente entrega contiene obras de diez poetas cubanos, a quienes pedimos textos sobre un tema de dos rostros: los animales y la isla. Esos poetas son: Jesús J. Barquet, Manuel Bello, Belkis Cuza Malé, Néstor Díaz de Villegas, Alina Galliano, Maya Islas, Iraida Iturralde, David Lago González, Alberto Lauro y Lilliam Moro. En la edición figura también el poema "La pantera", de Rainer Maria Rilke, en versión al español de Reinaldo García Ramos.
La ciudad está aquí, el mar está aquí,
tú y yo estamos aquí, entre el mar y la ciudad,
miedosos del mar y la ciudad,
amando el mar y la ciudad
y olvidando el mar y la ciudad
por temernos y amarnos y olvidarnos a nosotros mismos.
Fayad Jamís
La revista digital DECIR DEL AGUA comenzó buscando un espacio donde mostrar revelaciones de los amigos cercanos que establecieran su afán en dos aguas concordantes: la pintura y la poesía. En esta cuarta entrega, DECIR DEL AGUA cobra otro rumbo y se define en una dimensión más precisa: es ya, será, una revista de poesía solamente; nada más, y nada menos.
Hemos organizado ahora nuestro quehacer con más modestia quizás, con menos arrogancia a lo mejor, y hemos comprendido que no tenemos medios suficientes para festejar debidamente las riquezas y sutilezas cromáticas del lienzo y sus secretos. La poesía está más cerca de nuestras posibilidades; la recorremos con paso más firme y acertado, con justa y preciada serenidad. La pintura, la obra deslumbrante de los artistas del color y la imagen, nos seguirá acompañando; pero la traeremos a estas hojas con sigilo y mesura, en accidentes celebratorios, buscando que su resonancia nos enmarque, no centrando en ella nuestro esfuerzo reverencial.
Así, nuestras aguas se van perfilando, se van armonizando en un espacio mejor concentrado y a salvo. El mar, el oleaje, la respiración del oleaje, ciñe y resalta a su vez otros espacios: las costas se definen y conocen en el agua que las visita y las abandona, en esa frontera y esa pulsación, en la espumeante reverencia que les entrega un límite, un contorno. Ese contorno es lo que la isla atesora, lo que la dimensión insular padece y protege, esa "circunstancia" de que hablaba Virgilio Piñera: el agua por todas partes. Maldita, decía él, pero no necesariamente; la definición del agua puede ser estrecha, asfixiante, pero no inequívoca, del otro lado está lo ignoto, la salvación tal vez; puede ser permanente, árida, pero no insalvable.
En las islas, las criaturas más dísímiles deambulan, crecen, se alimentan, aúllan, sobreviven: los animales de todo orden tienen su otro espacio milagroso, no buscado, no entendido. El caracol aguarda, el colibrí llega y ya desaparece con su néctar, el gato cae y se salva, el potro invita a la violencia de los sentidos, y todos van y vienen en la insularidad necesaria, mientras el albatros (regalo de Baudelaire a los trópicos) imagina el vuelo y trata de emprenderlo y la pantera repite sus pasos tras las rejas, siempre preparando el salto nutritivo.
Así, una vez más, volvemos al agua que nos define y nos invita; nos reta y nos nutre sin interrupción. Y el curso a seguir de algún modo ya lo conocemos: isla, mar, cielo, naufragio, huida o permanencia; siempre devolveremos al agua nuestro destino, acompañamos a los animales de la isla en su serenidad o su violencia, es decir, en su inocencia. La poesía, sus armas intangibles, nos permiten acercarnos a ese misterio, no para comprenderlo (cosa que desde luego es imposible), sino para describirlo con asombro.
DEFINICIÓN DE LAS AGUAS: CUSTODIA DE LA TIERRA
R. G. R.
Un rey, un vagabundo, un perseguido,
deambulas por las calles
donde el frío, la lluvia, la indiferencia más brutal
se desentienden de que existes.
Para ti no hay más mundo que el territorio en que te mueves,
más amor que el coito apresurado,
más hartazgo que lo que desechamos.
Esta noche no sabes en dónde guarecerte,
dónde habrá un escondrijo contra la ruin patada,
contra la coherente estupidez de los gigantes del asfalto.
Eres el rey más solitario que conozco,
pequeño gato callejero a quien rindo homenaje.
Lilliam Moro
HOMENAJE