DECIR DEL AGUA /
Cuarta entrega / Agosto de 2003 / página 5
ISLA OTRA VEZ, ENTRECERRADA
...sobreviviendo a todos los naufragios y eternamente bañada por la corriente del golfo: bella y verde, imperecedera, eterna.
Guillermo Cabrera Infante
Dos poemas más rescatan el cosmos insular de su niebla, de su disolución; dos poetas se aproximan de nuevo a la prodigiosa serenidad de esos terrenos delimitados por el mar y suman su cántico al sonido del viento y de las olas incesantes. El misterio prosigue; cuando lo vamos a tocar, cambia de forma.
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Belkis Cuza Malé
MI TERCER MUNDO
LOS PERSONAJES SON SOLAMENTE DOS: LA ISLA Y UNA VOZ QUE NARRA
No sé si el viento o un extraño clamor
me llaman a gritos.
"Has perdido tu alma,
has perdido tu alma".
Si sólo fuera eso. Si la huella del pie
que me oprime el pecho no estuviera marcada
para siempre en mi carne
como un recuerdo infantil.

(El establo era hermoso y olía a sangre seca.
Sólo caballos y reyes
demoran su atavío).
Ella era la sombra de la casa
y ahora sé que fuimos tan distintas,
ella, el árbol; yo, rama de otro árbol.

No esperen por mí.
De nuevo llego tarde.
No crean en mí,
a empujones me sentaron en la silla.
Pero ahora observo mejor y veo que es cómoda
y agradable como un trono antiguo.
"¿Usted quiere ser reina?"
Por Dios, Gabriela,
ofrézcame otra cosa: el amor eterno,
la vida eterna, la felicidad eterna.
No me dé usted entonces nada,
nada le he pedido.

Mi perra es sabia y dice: "Cállate,
¿no te bastan las miradas?"
Pero a veces, como esta mañana,
la palabra se precipita en mi boca:
he tragado ranas, culebras, qué sé yo,
y estoy maldiciendo dulcemente
apostada en la esquina del cuarto,
mirando el cielo blanco,
y entre la rajadura de las nubes
el Infierno me tienta como un veneno.

Nada nos hace diferentes.
Ni el mundo en que vivimos,
Maya Islas
ni la familia, ni el dios elegido,
ni el amor que amamos.
Si no tengo tu rostro,
ni mi cuerpo es de esta otra forma
es porque sencillamente somos iguales.
Reposar en lo hondo de la tierra
como una piedra en las profundidades del río,
acariciada por el verdín de las aguas,
nos devuelve a nuestra imagen común,
totem de cal y miel con ojos tristones.

Dime que sí, que puedes.
Sácame de dudas, Salomón.
Responde una por una a mis preguntas.

"No olvides tu Tercer Mundo,
la tercera dimensión en que se sostiene tu cuerpo".

La voracidad de lo salvaje
me somete.
Las ráfagas de aire cortan mi cara:
pronto lloverá.
Aquí todo es como en la selva,
pero los tambores no suenan, ni los animales gimen
porque algo se ha dormido en mí,
alguna parte de mi cuerpo está ardiendo
y mis ojos embotados no ven la claridad.

No vine en ninguna expedición arqueológica,
sobre esta piedra construyeron el pueblo.
Todo lo he visto, todo, sin entender nada.
Mi cuarto da a la avenida de flores.
Sobre el cielo cruza una avioneta:
no veo al piloto, pero sé que existe.
El vuelo rasante de un pájaro crispa mis nervios.
No todo cambia con una pastilla,
pero es linda la vida no esperada.

Lluvia o sol sobre nuestras cabezas.
Así es la selva.
La Habana, 1974

El cuerpo de la isla reposa constantemente:

            dicen que no respira.

 

¿Es ella a la que llamamos mujer, sutil

          [e invisible?

 

Ayer descubrí, con letras impulsadas

          [hacia el lenguaje,

que por mucho que quiero,

la isla no retiene los informes de mi boca

y se consume en su destino horizontal

empujada por la voluntad de mi dedo.

 

Los signos pasan por el ámbito y dejan señales

en el centro de su pensamiento;

un río rompe cauce de tanto pensar

en cómo evitar el choque de la muerte

por falta de vida.

 

Me senté junto a esta mujer-tierra una tarde

y recogí lo imposible para llenarla con un diálogo exuberante,

pintado de verde y sin pecados.

Mientras le hablaba rompiendo sus rigores,

           [sus defensas,

se durmió sobre el ángulo convexo de mis

           [senos

como si fuera una reina vencida:

el trono ya era un bosque que no buscaba

          [árboles en la bruma.

 

He advertido a los que escuchan

que todo lo invoqué:

su arquitectura inmediata de mujer amante,

el verbo que descubrió la visión

mientras habitaba  en su esplendor.

 

Un peligro cayó perfectamente sobre

          [la piedra

que guardaba el aullido

de todos los que aún viven dentro

          [de ella.

 

Los personajes son solamente dos:

la isla y una voz que narra.