Carlos Espinosa
Domínguez
AMANDO FERNÁNDEZ: CORAJE Y DIGNIDAD EJEMPLARES
Amando
Fernández pertenece a esa nómina de creadores cuya vida fue, como
dice un verso de Garcilaso de la Vega, "antes de tiempo y casi en
flor cortada". Fue además un poeta de vocación tardía (publicó
su primer libro a los treinta y cinco años), aunque compensó ese retraso
con una notable fertilidad y con la entrega absoluta a una vocación
a la que, hasta el final de su existencia, fue fiel. Gracias a esa
irrefrenable pasión por escribir, acumuló una obra muy considerable
desde el punto de vista cuantitativo, que se vio reconocida por varios
premios internacionales.
Sus primeros libros, pertenecientes
a la etapa formativa, ya dejaban vislumbrar a un prometedor talento.
Eso se confirmó en El ruiseñor y la espada, un poemario maduro y cuidadosamente
estructurado, del cual están ausentes los temas típicos de la poesía
cubana escrita en el exilio. Su escritura se fue tornando más
hermética y abstracta en títulos como Materia y forma y Espacio
mayor, en los que el discurso irracional adquiere un gran peso. Esas
dificultades para acceder a su significado no impiden, sin embargo,
que el lector pueda disfrutar su belleza y su elaboración. ConMuseo natural, Amando Fernández inicia una etapa de vehemente actividad,
en la cual prepara para la imprenta siete libros, cuatro de los cuales
aparecerán póstumamente. La suya era una carrera vertiginosa contra
la muerte, consciente como estaba él de que iba llegando a "la última
estrofa del poema".
Poco a poco y sin abdicar a las claves
que conformaban su estética, Fernández deriva hacia una poesía que
busca una relación más confesional e íntima con el lector. Esa
búsqueda cristaliza en textos poblados de humanidad e iluminados por
los resplandores de la nostalgia y el recuerdo. Asimismo aparece como
asunto recurrente el de la muerte, que es tratado por él con una intensidad
y una fuerza de imágenes sobrecogedoras. El radical divorcio
entre vida y obra se borra definitivamente en El riesgo calculado yLa rendición, en los que su autor da un paso decisivo en la creación
de un lirismo más liberado de preceptos y una expresión más desnuda. El sentido de la pérdida, el aislamiento y la conciencia del
avance de la enfermedad alcanzan en algunos poemas una incandescencia
espiritual pocas veces igualada en la poesía cubana contemporánea.
Fernández elude, no obstante, cualquier tendencia a la tragedia y
la autocompasión, y se enfrenta a su propio final con un coraje y
una dignidad ejemplares.
Con el fallecimiento de Amando Fernández
se interrumpió una breve pero muy intensa trayectoria poética. Admira
que en circunstancias tan adversas haya sido capaz de crear una obra
que, por su complejidad, rigor y calidad, representa una de las grandes
trayectorias estéticas de nuestro panorama poético. A ella deberán
acudir quienes deseen hallar un modelo de coherencia, compromiso existencial,
continuidad sin desfallecimientos y búsqueda permanente.
Carlos
Espinosa Domínguez (Guisa, Cuba, 1950). Ha publicado varios
volúmenes de crítica y trabajos investigativos sobre literatura, entre
ellos Lo que opina el otro; algunos apuntes sobre la crítica teatral (2000), El peregrino en comarca ajena (2001) y Virgilio Piñera en persona(2003). Obtuvo su doctorado en Literatura Hispanoamericana en
la Universidad de Miami. Miembro del Consejo de Redacción de
la revista Encuentro de la cultura cubana, editada en Madrid. Profesor universitario en Virginia, Estados Unidos.