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Octava entrega / Octubre de 2004 / Página 4
Lilliam Moro Núñez
AMANDO EN TIERRA DE NADIE

Hace diez años que murió en Miami el poeta Amando Fernández, concretamente el lunes 28 de febrero de 1994; al día siguiente, el martes, moriría René Ariza en San Francisco, y el miércoles, en México, Eliseo Diego, poeta admirado por nuestra generación.  Quizás la proximidad de los Idus de Marzo fraguó esta catástrofe poética bajo el signo de Piscis.  Pero la "coincidencia" da testimonio del drama de la poesía cubana, cuyo antecedente fue José María Heredia.  En la vida de muchos de nuestros poetas está presente el destino del transterrado, el desarraigo, el exilio, incluso el exilio interior, como fue el caso de José Lezama Lima o el de Dulce María Loynaz.

Amando Fernández es uno de los mejores poetas cubanos del exilio, calificativo que tiene bien merecido quien hizo de la poesía la única razón de su existencia.  El dominio verbal, la riqueza del léxico, la fuerza expresiva de sus  imágenes y el impulso hacia un velado orden místico y metafísico descansan sobre un acervo cultural formado por las literaturas griega y latina, los Siglos de Oro españoles y la poesía española más reciente del siglo XX, con una especial predilección por algunos poetas cubanos, como el propio Lezama Lima y Gastón Baquero, y el gran poeta de la lengua inglesa T. S. Eliot.  En la obra poética de Amando Fernández se palpa el rigor del oficio, el ejercicio más exigente y la más alta consideración hacia el género. El temperamento está siempre moderado por la contención, aun en los momentos más dramáticos, aquellos en los que vida y obra se fundieron sin fisuras.  Quiso hacer una poesía auténtica y perfecta, porque para él ella era no sólo su trascendencia, sino su salvación.  Así nos dice en el poema "La Sibila": Tú escribes. / Tal vez eso te salve.


Su poesía está formada por poemas tan bien estructurados como "Praxis de la expresión poética", donde se manifiesta el dominio del oficio y el derroche verbal, uno de los mejores poemas de su obra, hasta el hálito sombrío que recorre sus últimos poemas, cuando la aceptación de la muerte inevitable se traduce en una incontenible desesperación creadora:¿Cuánto te queda? Tú no sabes. / No pides nada y, sin embargo, / quisieras una extensión, una espera / más larga para acabar lo que empezaste.  Y es que ya no espera el milagro de la vida, sino simplemente un poco más de tiempo.


En esos últimos años de su convivencia con la certeza inevitable de lo que vendría, el poeta hace un recuento de su trayectoria, como tratando de poner las cosas en orden, y así desfilan por sus poemas las ciudades en las que vivió, mencionadas explícita o sugeridas implícitamente, la cultura que lo formó, las obras pictóricas (con descripciones sin títulos sobre "La rendición de Breda" de Velázquez y "Los fusilamientos del dos de mayo" de Goya), la música, la familia, la casa natal: Pero tu única ciudad es/-te guste o no-/aquella que llamaron ciudad de las columnas.  Porque el poeta trata de rescatar las referencias que puedan salvarlo de lo irremediable: Di que no es verdad. / Que esto le ha ocurrido a otro. / Que es el sueño de un niño / en una noche de invierno, sin su madre.  Sabe que la Muerte no sólo va devorando su tiempo: Hoy ellos te rodean. Te pudren. / Y tú ya no eres tú, sino su espíritu, un espíritu formado por lo intangible: la Estética y la Memoria.

DESESPERACIÓN CREADORA

EN ELOGIO DE AMANDO FERNÁNDEZ  (Continuación)

 
Lilliam Moro Núñez (La Habana, 1946) ha publicado los poemarios La cara de la guerra (1972) y Poemas del 42 (1989).  Salió de Cuba en 1970 y reside en Madrid.  Está preparando un nuevo libro de poemas, Cuaderno de La Habana, que publicará en breve.  En 2004 apareció su primera novela, En la boca del lobo, que obtuvo el Premio de Novela Corta del Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo, en España.
Manuel Bello (La Habana, 1962) salió de Cuba a los nueve años de edad y se educó en la Florida.  Está finalizando su Doctorado en Pedagogía en la Universidad de Miami.  Poemas suyos escritos en inglés han aparecido en varias publicaciones.  Se ha destacado también como pintor y  fotógrafo.
Reside en Miami.
Amando Fernández en su mesa de trabajo.  Foto tomada en la residencia del poeta en Miami,
 a fines de los años 80.
Lotus / Water, 2004.  Foto de Manuel Bello.