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Octava entrega / Octubre de 2004 / Página 11
Miguel Correa Mujica
TODO EL TIEMPO DEL MUNDO / Carta a Roberto Valero

Querido amigo: Hace ya diez años que te nos fuiste para siempre. ¿Cómo decirte, sin que me tildes de dramático, que aún no he podido reponerme del todo? Te siento aún demasiado presente, demasiado vinculado a mi vida.  El uno era para el otro la confirmación de que habíamos tenido un pasado, de que no éramos solamente de este lado, sino que veníamos de otro sitio, de un lugar (Cuba) que tu ausencia hace hoy aún más remoto y neblinoso en mi memoria.

 

¡Te recordamos tanto! La llegada del otoño por estas latitudes es casi una llamada tuya desde Washington.  Las primeras nieves no hacen sino traerme tu rostro, tus recuerdos, tus constantes juegos y todo lo que dejamos atrás. ¡Ah, cómo olvidar el viejo campanario de Matanzas, cuyo repiqueteo nos deleitaba al mediodía, cuando lo escuchábamos desde tu ventana del segundo piso! ¿Y la preciosa colección de cactus que tenías en el patio de tu casa solariega, unos rojos, otros amarillos como el oro, otros morados y redondos, algunos decididamente extraños? Las piedras exóticas y los corales aún deben de estar en aquel armario blanco, esperando por que alguien los revise. En las tardes de estío me recitabas los peores poemas de Tagore o de Whitman (¡cómo te fascinaban los versos más cursis; no había quién te hiciera callar!):  I am Walt Whitman, a cosmos, the universe, of Manhattan the son...”, gritabas a todo pulmón.  Y yo: “¡Por Dios, Valero, cállate, habla bajito, que te va a escuchar la presidenta del Comité! ¡Que nos van a venir a buscar los policías del G-2!  Pero era como hablarle a la pared; no me hacías el menor caso.

En la foto de la izquierda, la pintora cubana María Badías y Roberto Valero, durante una visita a Nueva York a mediados de los años 80.  En la foto de la derecha, Roberto con las dos hijas que tuvieron él y María: Liora, la mayor, y Elisa.  Esta última foto fue tomada en Washington, DC, en noviembre de 1991, el Día de Acción de Gracias. 

El miedo.  ¿Qué me dices del miedo que teníamos a que nos sorprendieran leyendo aquel ejemplar único de Tres Tristes Tigres que habías sacado para siempre de la Biblioteca Nacional y que habías forrado con la carátula del Diario del Ché en Bolivia? ¿Ya se te olvidó el miedo? Y las carcajadas llovían, ante las piruetas que Cabrera Infante emitía desde el texto. Nosotros sólo queríamos ser libres. No pedíamos otra cosa: leer lo que nos diera la gana, reírnos de las brigadas de agitación y propaganda, de los discursos interminables, de la miseria, incluso de nuestra miseria... Pero todo eso estaba estrictamente prohibido.  Valero, ¿no te das cuenta de que nos van a meter 30 años por la cabeza? Pero tú buscabas a Bulgakov, a Solzhenitsyn (lo más aburrido del mundo), a Octavio Paz, a Milosz o a Bunin, a todos los problemáticos... Te encantaba lo que era conflictivo.

 

Entonces la vida nos salía a raudales y éramos tan felices, que de un salto hubiéramos alcanzado los montes de Libia, como decía Teodoro Tapia, nuestro amigo, en ese poema suyo. Éramos jóvenes y hermosos, pero ya no lo somos. Ahora somos unos viejos feos, gordos, calvos, que enseñan literatura y otros horrores en las universidades americanas, que piensan en retirarse lo antes posible, para echarse como sapos en las playas de la Florida... Mi amigo: no creas que pierdes demasiado con haberte marchado de aquí, de una vez y para siempre.

 

Y ahora te dejo porque yo no tengo, como tú, todo el tiempo del mundo. En tus travesuras por el Más Allá, te ruego que tengas mesura, por Dios. Y si ves a Arenas por esos lugares, no te reúnas demasiado con él, porque todo el mundo dice que ese sujeto es el Diablo.  Pero dile que escribí una tesis doctoral sobre su obra, y que se va a morir de risa cuando la lea.  Dile también que su autobiografía es muy simpática; pero que ésa no es su vida, que esperamos por la verdadera.  De cualquier forma, escríbeme. O mándame un e-mail.  Te abraza y te besa,

 Miguel

 

24 de septiembre de 2004

Miguel Correa Mujica (Cuba, 1956) salió de su país en 1980 por el puente marítimo entre Mariel y Cayo Hueso.  Ha publicado dos novelas, Al norte del infierno (1983), que tuvo en 2002 una edición revisada, y Fragmentos del discurso humano (2000).  Perteneció al grupo de colaboradores de la revista MARIEL (1983-1985).  Es profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Reside en Weehauken, Nueva Jersey.

EN ELOGIO DE ROBERTO VALERO  (Continuación)