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Novena entrega / Enero de 2005 / Página 10
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SECCIÓN ESPECIAL / 20 POETAS CUBANOS EN MIAMI
(continuación)
Orlando González Esteva
MI VIDA CON LOS DELFINES

VII

(fragmento)

 

      ...encontré la mayoría de los versos (...) en Miami Beach, en el tramo de playa comprendido entre las calles 15 y 30. Allí hay de todo: medusas blanquiazules que los niños, después de admirar, arrastran por el cabello y machacan contra la arena; ancianos barrigones y barbiblancos, con melena a lo Whitman, que desean a todo el que pasa la felicidad de tener una botella de vino, un buen lecho y alguien con quien hacer el amor a la hora de la muerte; cadáveres de peces cuyos ojos quedaron bailando en las profundidades del océano o agolpándose e intercambiando miradas en el buche de algún ave marina; jóvenes europeas que toman el sol con los senos descubiertos y la carne de los pezones tirante y achicharrada; adolescentes negros que se despojan de la ropa y, en calzoncillos, crispados de insinuaciones, se tumban cerca de ellas; cuadruplégicos a quienes sus madres traen a ver el mar en grandes sillas de ruedas, atestadas de almohadones y trapos de colores; amantes vagabundos que después de intercambiar golpes e improperios comparten, con igual pasión, tragos de alcohol y besos; dementes que se desarman bailando al son de una música que sólo ellos escuchan; adolescentes negras que a la salida del sol caen de rodillas sobre la arena y, en absoluto silencio, alzan los brazos en señal de adoración; piedras pulidas, pelícanos solitarios, restos de papalotes, avíos de pesca, esponjas lujuriosas, matrimonios respetables, manchas de petróleo, perros, sirenas, conchas, canciones, barcos distantes, tardes de maravilla y lunas llenas.

      Entre ellos, semidesnudo, con los pies metidos en la espuma, en días de sol o de tormenta, pero invariablemente espléndidos, mascullé por primera vez muchas de mis redondillas, y hasta las dije en voz alta, ajustándoles ritmos y rimas, para perplejidad de algunos bañistas que seguramente habían visto arrojar margaritas a los puercos, pero nunca, redondillas a las gaviotas.

 

Juan Jennis
ESTRATEGIAS

III- El Ladrón de Poemas

 

En esto consiste su arte poética: él espera tranquilo a que lleguen las horas más tránsfugas del sueño. Digamos a las tres de la mañana. Entonces, sigiloso, desanda los corredores y atraviesa la neblina y los gatos hasta llegar a cierta calle estrecha. Los ojos, dos punzones afilados. Lleva una alforja negra tirada sobre un hombro, con el gastado ademán de los viejos caballieri della luna. Llega hasta el basurero de cierto poeta iconoclasta que conoce. Acopia todos los papeles donde todavía huele a pesadilla la tinta fresca. Al regresar, la luz escasa de una farola polvorienta le hace un guiño a su frente ancha, plagiadora y grasienta y un murciélago cuelga, vigía y grave, del tejado. Finalmente se sienta y pone luz en los poemas de sombra y pone sombra en los poemas de luz para que nunca se conozca su secreto.

Néstor Arenas: psk01.jpeg.  Foto digital (2003)

Orlando González Esteva (Palma Soriano, 1952) reside en Estados Unidos desde 1965.  Ha ofrecido charlas y lecturas de versos en universidades de Estados Unidos y en centros culturales de España, México y Brasil. Escribe para la radio y ha desarrollado una intensa labor de investigación, rescate y divulgación de la música popular cubana e hispanoamericana.  En 2005 publicará Casa de todos, un nuevo libro de versos.  De Mi vida con los delfines (1998) tomamos el fragmento que aparece en  esta página.

Juan Jennis (Colón, 1973) salió de Cuba en 1995 y desde entonces reside en Miami.  Estudia Filosofía y Religión en Florida International University.  Ha colaborado en varias revistas literarias publicadas fuera de Cuba. Su libro Para medir los sueños apareció en 2003.  El texto que publicamos en esta selección pertenece a un libro inédito.