Tras un receso de seis meses, la revista de poesía Decir del Agua regresa a su tarea, al mar recomenzado sin cesar del que hablaba
Valéry... Nuestra entrega previa salió a la red de las navegaciones (o tal vez entró en ella) a fines de julio de
2006; ha pasado un largo tiempo. Quizás algunos ya nos habían olvidado, pero este período de ausencia momentánea nos
ha servido para analizar las sugerencias de muchos lectores y las sabias propuestas de los amigos, con respecto a diversos
aspectos de la publicación. Algunas de las observaciones no armonizaban con nuestro proyecto, pero otras (tanto formales
como de contenido) nos parecieron válidas. Por eso decidimos que el número de julio pasado (la decimoquinta entrega)
fuera el último de un primer ciclo de esfuerzos y exploraciones, y que con la presente entrega se iniciara, sobre
estructuras frescas y renovadas, una segunda fase. Como verán los lectores que ya estaban familiarizados con nuestro estilo,
ahora hemos ampliado el espacio de cada página, hemos simplificado la tipografía y los componentes gráficos, y hemos creado una sección
nueva, VESTIGIOS DEL OLEAJE, que contendrá reseñas de poemarios publicados recientemente. Esperamos que esas leves modificaciones
no hayan alterado el perfil de nuestra revista, ni su resonancia fundamental; confiamos en que, por el contrario, esos cambios
nos permitan cumplir nuestra misión a partir de ahora con más acierto y elegancia.
A los cambios de diseño y estructura hemos añadido otros aspectos nuevos. En este segundo recorrido a toda vela por el misterioso mar de la expresión poética, nos satisface reconocer en nuestros créditos editoriales a dos valiosos colaboradores de siempre, Juan Cueto-Roig y Germán Guerra, que tanto nos han ayudado en la revisión final de los textos de las quince entregas del primer ciclo. A partir de ahora, Juan será nuestro asistente de redacción y Germán, nuestro asesor editorial; cada uno de ellos siempre ha sido eso y mucho más, pero estas designaciones amigables hacían falta: son un sincero y espontáneo reconocimiento, muy modesto, a la labor que hasta ahora han realizado de modo menos patente. Huelga tal vez decirlo: nos sentimos orgullosos de seguir teniendo a ambos entre los amigos laboriosos de esta publicación.
Además, a partir de esta edición, Decir del Agua tendrá la
suerte de contar con un grupo de asistentes a larga distancia, es decir, amigos generosos que han aceptado aparecer en nuestros créditos
como corresponsales en varias ciudades. Se trata de Maya Islas, Isel Rivero, Jesús J. Barquet, Antonio Desquirón y Julio César
Guerrero Martínez, que serán en cierto modo nuestras “antenas” en Nueva York, Madrid, São Paulo, Santiago de Cuba y Barcelona, respectivamente. A todos ellos damos una entusiasta bienvenida, y les expresamos nuestro profundo agradecimiento.
En esta entrega, además, nuestra revista se embellece de manera radiante con la pintura de Floyd, un artista de Miami que conocimos
por casualidad cuando empezábamos a preparar este número de la revista y que ha tenido la amabilidad de permitirnos incluir sus cuadros
en nuestras páginas. Los lectores podrán apreciar por sí mismos, desde el primer golpe de vista, la intensidad del colorido
de las obras de este pintor, la vitalidad de su exploración cromática y expresiva. Sus cuadros tienen una especial capacidad
para cautivar agresivamente al que los mira, y han establecido sin dificultades un diálogo espontáneo y sagaz con los poemas publicados;
precisamente el tipo de diálogo que nuestra revista siempre ha buscado, para que las dos expresiones artísticas se enriquezcan
mutuamente y generen nuevas dimensiones. Hacemos constar aquí nuestro sincero agradecimiento a Floyd por su generosidad
y su apoyo.
En la siguiente página comienza nuestro aporte a las celebraciones del vigésimo cumpleaños de la Editorial Betania,
de Madrid, que fue fundada en 1987 por el poeta cubano Felipe Lázaro. En el breve texto con que se abre esa sección, nuestra
revista expresa sus sentimientos ante ese aniversario. Aquí, y para terminar esta nota, queremos aclarar otro aspecto fundamental:
sin la cooperación decidida del fundador de Betania, nuestro proyecto no habría podido realizarse con la debida calidad. Por
eso, desde luego, le expresamos aquí nuestro aprecio fraternal.