...y son cuatro los libros que ha publicado Rossardi en este volumen. Los une una voz declamatoria interior que no es meditación,
sino a veces aclaraciones al lector; otras, imprecaciones al olvido; otras, lo que queda sin decir al final de un día, cuando
se acerca la noche.
Puede ser una despedida, “me sentaré al umbral de mi poema”, pues así concluye el libro entero con
un homenaje a conocidos y desconocidos. O puede ser una recapitulación que el poeta se hace al mirar de soslayo el eterno espejo que
lo acecha.
Los cuatro libros dentro de este volumen están definidos por una expresión adverbial de lugar, en que se señala dónde se sitúa el poeta: Donde estamos, Donde fulmina, Donde van, Donde quedan. Él tiene sus claves. El sujeto no es siempre el lector o el poeta, ni el discurso está dirigido siempre a él o a ella.
Rossardi nos habla en su prólogo y dice que “todo poema es,
para mí, un reflejo vivo de una circunstancia que ha herido nuestra sensibilidad...” Y me pregunto, ¿por qué herido, por
qué no tocado, llamado, alertado? ¿Es entonces el poema una suma de la provocación del dolor? Y sin embargo, en Donde
fulmina, sus seis poemas de amor y el segundo libro dentro del libro, se encuentra afirmación y deleite, su musa aquí no es Eros que
hiere, sino Afrodita que seduce y se abre como “la flor de mucho más color”.
No hay escritura sin contradicción, pues creemos
que nos dirigimos hacia un lugar y de repente las rutas se multiplican, se dividen, ofreciéndonos opciones que no esperábamos y que
escogemos en complicidad con la sugerencia del espejo vigilante. Nos recreamos en la palabra una y otra vez, incluso como cuando
Rossardi toma las riendas, o cree que las toma, para hablarnos Frente a un mar o para buscar lo trascendente en su poema De
cosas simples, está obedeciendo a flujos interiores que no son parte de la voluntad.
Es por eso que este libro se vuelve en sí mismo, se cuatruplica, se bifurca, y nos llama para que le sigamos. En la apariencia de una lengua clara, a veces sorprendida por sus contramareas, sus cadencias declamatorias, es el testimonio de Jacobo, allí escondido en una estrofa, ascendiendo en pleno día solar, la escalera.
Isel Rivero (La Habana, 1941) salió de Cuba en 1961. Ha publicado, entre otros, los poemarios La marcha de los hurones (1960), Tundra (1963), El banquete (1980) y varios libros de poemas en inglés, entre ellos Songs (1970) y Night
Rained Her (1976). En 2003 salió en Madrid un volumen (Relato del horizonte ) que recoge su obra poética publicada
en español.
Orlando Rossardi (La Habana, 1938) salió de Cuba en 1960. Su obra ensayística y de dramaturgo ha aparecido en
varios libros y revistas literarias en Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos. Ha publicado, entre otros volúmenes, la antología La última poesía cubana (1973) y el estudio Historia de la literatura hispanoamericana contemporánea (1976), así como los
poemarios El diámetro y lo estero (1964), Que voy de vuelo (1970), Los espacios llenos (1991) y Memoria de mí (1996). El poema Receta pertenece a Los pies en la tierra.
Dos pizcas de sonrisa
y una de ojos fijos.
Franqueza (con tino
y muy despacio) Una mano
firme, abierta,
un poco de alegría nueva
y sin regreso. Ni pedir
de más, ni darlo todo.
Poner palabras en remojo
para el minuto preciso.
Un algo de cariño
(verdadero) al gusto,
dos onzas de atención
y diez de entrega.
Abrir el corazón
y mezclarlo todo
a fuego lento. Da para
servir de diez
a quince mil personas.
Augurio: Nadie
se irá hambriento.