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DEBAJO: RONEL GONZÁLEZ
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Segunda entrega / Abril de 2007
OTROS ÁMBITOS  (continuación)
Ghabriel Pérez
DEL JUEGO, FUERA

La pelota que rebotó contra los muros del colegio,

es la misma lanzada en un parque de mi infancia…

aún no ha tocado el suelo.

            

La pelota de Dyron

cayó sobre la pátina de un héroe

muerto a balazos por la tiranía

del año cincuentaitantos

 

Desde la casa contigua al monumento,

reclama Ricardo González Fernández,

antiguo compañero de lucha

del héroe asesinado

 

La poesía nada tiene que ver con ese hombre,

la pelota es la misma

lanzada en la infancia de Dylan Thomas

a inicios del pasado siglo. Pues la pelota de Dyron

—igual a aquella— 

se ha quedado en un punto de la altura,

en brazos de la estatua 

en homenaje al héroe asesinado

en el cincuentaitantos.

Julio César Rodríguez: El místico del rojo.  Técnica mixta en cartulina.
INNSBRUCK

En mis últimas horas no tengo ni una línea escrita por tu mano, ni una línea de aquel a quien he dado mi vida entera.   Esperé, esperé desesperadamente.   No me llamaste, no me escribiste ni una palabra, ni una sola palabra.

Stefan Zweig

 

Mujer desconocida que escribes desde Innsbruck, tampoco dije yo mi nombre, ni tuve el suyo. Quien debió reciprocidad faltó a mis días, como aquel por el que tú caminabas los desiertos

 

Mujer desconocida, yo también me pregunto cuántos inviernos duró su sentir. ¿Cinco? ¿Siete? Acaso nada.  Acaso hoy debo reconocerme muerto sobre la faz de la tierra, inerte como todos mis antecesores.  Acaso debo poner fin a esta costumbre de pronunciar con desconfianza, casi con miedo el nombre amado.  Acaso debo dejar de nombrarlo

 

Pero tú, mujer desconocida, no has estado sola; yo he seguido, minuto a minuto, cada paso. ¿Comprendes ahora que esas huellas no te merecían? No creas que has sido más desconocida que él.  A él, ninguna de las voces que susurraron palabras a su oído hoy le recuerdan. Con tu muerte él ha dejado de existir, pues sólo en ti fue posible su nombre a la manera de lo eterno. De lo que se lleva prendado sin que nada ni nadie pueda apagar.  De lo que nunca se muda de lugar. De lo que nunca muere. Ningún pecho de aquellos en los que estrechó sus furias hoy le dicen nada.  No hay ni habrá nadie a su lado susurrándole canciones

 

Nadie, mujer desconocida, nadie, porque esa carta que escribías desde Innsbruck sigue abierta, no ha querido entrar a ningún sobre.  No quiere extraviarse vulgarmente en las oficinas del correo.  No está dispuesta a ser leída por nadie más que su único y feliz destinatario. Pues él sigue vivo mientras yo escriba estas líneas a las que no pondré punto final hasta conocer que alguien pretende continuarlas.

 

Mujer desconocida que escribías desde Innsbruck, tu carta y la mía son una misma carta.

Ghabriel Pérez (Holguín, 1968) ha publicado los poemarios En brazos de nadie (2000), que había obtenido el Premio de la Ciudad en 1998, y Canción de amor para el fin de los siglos (Premio Poesía de Amor de Varadero, 1999), así como Hijo de Grecia (2005). Su libro de relatos El parque de los ofendidos recibió el Premio Calendario en 2002.  Reside en su ciudad natal.  Los textos que aquí publicamos eran inéditos.

Ronel González
PRIMERA REVELACIÓN DE LA ESFINGE
 
I

En esta noche hilada desde una rueca díscola,

han sido revelados los símbolos, que hacen

                       del universo

una ciudad irreal como la incierta Thule:

el discreto velamen, la nefasta atracción del laberinto,

                       el espejismo de la zarza,

en el camino de regreso a Canaán.

 

La vuelta a la raíz es el silencio,

pero el destino prisionero que condenó a mi estirpe

a vagar por la silvestre y encumbrada vía,

develó los anagramas que proscriben el retorno.

 

Signos contrarios al miedo y a la duda

me regresaron al umbral,

donde el acceso a la ciudad perdida

es la imagen de un rito

virtual del intermundo.

II

 

 

Esta es la noche protohistórica

para nombrar y ser nombrados,

el abandono de una edad cuyo centro es un árbol

como el desasosiego. Árbol guía, árbol antípoda

de la ceniza y el cuchillo, trasmigración

de los espacios por fundar.

 

Estoy en el origen de las palabras,

al centro de una pradera reminiscente

              que no sé atravesar.

 

Hondo es el llamado que emerge del Jardín.

 

Piedra de sacrificio en plena oscuridad,

no puedo retorcer el idioma para que salte el logos

la región quebradiza de mi espíritu.

 

Me declaro incapaz para el regreso,

inútil para franquear las puertas de cualquiera

                  Jerusalén Celeste,

porque volver sólo es posible si el ardid visionario

de quien siempre aspiró a la Profecía

fuera más trascendente que sus propias tinieblas.

Ronel González (Cacocum, Holguín, 1971) ha publicado, entre otras obras, Desterrado de asombros (1997), Zona franca (1998), Consumación de la utopía (1999 y 2004), La furiosa eternidad (2000), El Arca de No Sé (2001) y La noche octosilábica (2004).  Es autor de un Diccionario de autores de la décima cubana, en proceso de edición.  Reside en su ciudad natal.

(La sección OTROS ÁMBITOS continúa en la página siguiente)