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tendrías que imaginar un patio umbroso
con un jazmín,
una abuela de cierto gesto bíblico
y toda la bondad
de esos telares de los pueblos
de antaño.
Mamá diciendo
como si fuesen preces
retazos de poemas,
y tía soñando y contando sus sueños.
Para entender esto que soy ahora
tendrías que imaginar
una tarde, y la lluvia
lavando las fachadas de unas casas muy viejas,
y el crudo olor a hombre
de las ropas de padre.
Tendrías que
recorrer
aquel montón de libros amarillos
con grabados severos
mientras
entre dos luces
están hablando de presentimientos
y una voz guerrillera va atronando las calles
y cambiando
—aunque no lo sepamos—
el semblante del mundo.
Podríamos haber sido un par de extraños:
ahora tú, con tu hijo, en algún parque
viendo cómo conduce su triciclo, o preocupado
en agrandar
la casa
o en burlar a la donna
que ya te aburre con los mimosos hábitos
de eso que llaman una mujer feliz;
y yo con un sombrero de ala
ancha
por las playas de Grecia
rumiando la nostalgia
de unos cuantos amores inventados
que no son el amor.
O tú que te preparas
para algún
campeonato deportivo
y que nadas y bailas
y fornicas en hoteles de tránsito; y yo
que cumplo deberes de oficina
y leo y escribo
y fornico
también en sitios sórdidos.
Podría haber sido así
hasta morirnos
de algún cólico raro, del pulmón,
atropellados por un desconocido…
Pero
ya no es posible,
ocurrió que alguna vez nos hemos encontrado
y los dos hemos sido cómplices del poema.
a JCS
La juventud es siempre un lugar de regreso,
el único país al que viajamos
tripulando la muerte;
por eso en la penumbra
donde
jugamos al amor
tu rostro es tan antiguo
y tan del porvenir:
el destino que tejen la memoria y el sueño.
Me separo de ti para mirarte
el
rostro —de perfil—
que yace levemente en las almohadas
sereno, hermoso
intocado todavía por el tiempo
y que, siendo tan tuyo,
es de la
humanidad.
En la penumbra,
me conmueve la visión de esos rasgos
que el tiempo ha de borrar
y que, no obstante,
son eternos
—memoria
y porvenir—
amorosa fusión del arte y de la vida.
Vicente Echerri (Trinidad, Cuba, 1948) ha publicado poesía (Luz en la piedra, 1986), ensayos (La señal de los tiempos, 1993) y relatos (Historias de la otra revolución, 1998). Ha ejercido el periodismo de opinión por más de veinte años; sus columnas aparecen regularmente en varias publicaciones de Estados Unidos y América Latina. Desde 1971 ha traducido numerosos libros del inglés al español. Los textos suyos que aquí aparecen fueron tomados de Casi de memorias, un poemario inédito.