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OTROS ÁMBITOS / VISIÓN DE PORTUGAL: SEIS POETAS (continuación)
Albano Martins
SERPIENTES DE AGUA, DE GUSTAV KLIMT
UNA CIUDAD
Liliam Cuenca: Blue.   Acrílico sobre papel, 30 x 22 pulgadas, 2003.
ESO QUE LLAMAS...
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Cuarta entrega / Octubre de 2007
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También los colores

amanecen, también ellos

despiertan con los gallos

de la madrugada y cantan

la explosión del sol. Algunos

son agua pura. A otros

el pincel les confirió

el rubor que se esconde

en la nervadura

de ciertas hojas. Otros,

aún, festejan

el nacimiento

de la alegría. O del amor,

da lo mismo. O no sería él

una fiesta. Pueden

llamarle Judith,

Salomé: sólo dicen

los otros nombres

de la serpiente.

Una ciudad puede ser

sólo un río, una torre, una calle

con balcones de sal y geranios

de espuma. Puede

ser un racimo

de uvas en una botella, una bandera

azul y blanca, un caballo

de crines de algodón, espuelas

de agua y ancas

de granito.

                 Una ciudad

puede ser el nombre

de un país, de un muelle, un puerto, un barco

de golondrinas y gaviotas

ancladas

en la arena. Y puede

ser

un arcoiris en la ventana, una albahaca

de sol, un beso

de magnolias

en el crepúsculo, un globo

encendido

una noche

de junio.

 

Una ciudad puede ser

un corazón,

un puño.

Eso que llamas

luto puede ser

sencillamente el nombre

de otro dolor

más profundo. Ni

siempre las palabras

dicen lo que dice

su sentido. Son

a veces máscaras

perfectas, otras

como sudarios, rostros

esculpidos en el mármol

de las lágrimas. Son

unas veces

parábolas; otras,

palinodias.

Palimpsestos.

MATISSE

Lo que estos colores

nos

reclaman

es sólo una palabra:

gracias.

             Nunca

los frutos llegaron

a la boca

tan frescos. Nunca

la desnudez estuvo

al alcance de la mano

tan desnuda

y redonda, la inocencia

tan cerca

de la luz que viene del ojo

de los cristales. Y nunca

el verde fue tan húmedo

y tan suave, la sangre

tan roja, el azul

tan maduro, tan lavado y tan limpio

de las impurezas

que a veces

le cubren

el perfil. Y tampoco nunca

el rosa

fue más rosado, como si el mundo

fuese sólo

un botón de esas flores

que o no se desmayan

o no se marchitan

o, simplemente,

nunca se deshojan. Y nunca

una golondrina

encontró

lugar más abrigado

donde hacer su nido.

Estos poemas de Albano Martins fueron traducidos por Jesús J. Barquet.
Para leer el texto original en portugués, PULSE AQUÍ.

Albano Martins (Telhado, Fundão, 1930).   En 1950 publicó su primer poemario, Secura verde.   Su obra publicada hasta 1985 aparece ampliamente recogida en  Vocação do silêncio (1990) y, con las adiciones pertinentes, en  Assim são as algas.  Poesia 1950-2000 (2000).   Posteriormente ha publicado  Castália e outros poemas (2001), la antología personal  Frágeis são as palavras (2004) y  Palinódias, palimpsestos (2006).  Ha traducido al portugués a varios poetas griegos del periodo clásico, así como a importantes poetas hispanos, tales como Nicolás Guillén, Rafael Alberti y Pablo Neruda.  En 1998 recibió el Gran Premio de Traducción del PEN Club.