También los colores
amanecen, también ellos
despiertan con los gallos
de la madrugada y cantan
la explosión del sol. Algunos
son agua pura.
A otros
el pincel les confirió
el rubor que se esconde
en la nervadura
de ciertas hojas. Otros,
aún, festejan
el nacimiento
de la alegría.
O del amor,
da lo mismo. O no sería él
una fiesta. Pueden
llamarle Judith,
Salomé: sólo dicen
los otros nombres
de la serpiente.
Una ciudad puede ser
sólo un río, una torre, una calle
con balcones de sal y geranios
de espuma. Puede
ser un racimo
de uvas en una botella,
una bandera
azul y blanca, un caballo
de crines de algodón, espuelas
de agua y ancas
de granito.
Una ciudad
puede ser el nombre
de un país, de un muelle, un puerto, un barco
de golondrinas y gaviotas
ancladas
en la arena. Y puede
ser
un
arcoiris en la ventana, una albahaca
de sol, un beso
de magnolias
en el crepúsculo, un globo
encendido
una noche
de junio.
Una ciudad
puede ser
un corazón,
un puño.
Eso que llamas
luto puede ser
sencillamente el nombre
de otro dolor
más profundo. Ni
siempre las palabras
dicen lo que dice
su sentido. Son
a
veces máscaras
perfectas, otras
como sudarios, rostros
esculpidos en el mármol
de las lágrimas. Son
unas veces
parábolas; otras,
palinodias.
Palimpsestos.
Lo que estos colores
nos
reclaman
es sólo una palabra:
gracias.
Nunca
los frutos llegaron
a la boca
tan frescos. Nunca
la desnudez estuvo
al alcance de la mano
tan desnuda
y redonda, la inocencia
tan cerca
de
la luz que viene del ojo
de los cristales. Y nunca
el verde fue tan húmedo
y tan suave, la sangre
tan roja, el azul
tan maduro, tan lavado y
tan limpio
de las impurezas
que a veces
le cubren
el perfil. Y tampoco nunca
el rosa
fue más rosado, como si el mundo
fuese sólo
un botón
de esas flores
que o no se desmayan
o no se marchitan
o, simplemente,
nunca se deshojan. Y nunca
una golondrina
encontró
lugar más abrigado
donde
hacer su nido.
Albano Martins (Telhado, Fundão, 1930). En 1950 publicó su primer poemario, Secura verde. Su obra publicada
hasta 1985 aparece ampliamente recogida en Vocação do silêncio (1990) y, con las adiciones pertinentes, en Assim são as
algas. Poesia 1950-2000 (2000). Posteriormente ha publicado Castália e outros poemas (2001), la antología
personal Frágeis são as palavras (2004) y Palinódias, palimpsestos (2006). Ha traducido al portugués a varios poetas
griegos del periodo clásico, así como a importantes poetas hispanos, tales como Nicolás Guillén, Rafael Alberti y Pablo Neruda. En
1998 recibió el Gran Premio de Traducción del PEN Club.