Página 8
José Tolentino Mendonça
CALLE PRÍNCIPE, 25
EL POEMA
LA ÚLTIMA CARRERA
SEPTIEMBRE
Liliam Cuenca: Serpent.   Acrílico sobre papel, 28.5 x 52.5 pulgadas, 2007.
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Cuarta entrega / Octubre de 2007
PÁGINA ANTERIOR
PRIMERA PÁGINA
PÁGINA SIGUIENTE
OTROS ÁMBITOS / VISIÓN DE PORTUGAL: SEIS POETAS (continuación)

Dejamos de percibir repentinamente

la profundidad de los campos

los grandes misterios

las verdades que juramos

conservar

 

pero nos lleva años

olvidar a alguien

que apenas nos miró

El poema es un ejercicio de disidencia, una profesión de incredulidad en la omnipotencia de lo visible, de lo estable, de lo aprehendido. El poema es una forma de apostasía. No hay poema verdadero que no convierta al sujeto en forajido. El poema obliga a pernoctar en la soledad de los bosques, en campos nevados, por orlas intactas. ¿Existe acaso otra verdad en el mundo además de aquella que no pertenece a este mundo? El poema no busca lo inexpresable: no hay beato que, en la agitación de su piedad, no lo invoque. El poema devuelve lo inexpresable. El poema no alcanza esa pureza que fascina al mundo. El poema abraza precisamente esa impureza repudiada por el mundo.

PLÁTANOS

Era un muchacho que partió

para conocer el miedo

su corazón lastimado por las llamas

tropiezos de un ciego que se fuga de la aldea

esa noche

quién iría a contarlo

 

en tren con el pensamiento partió para Brescia

la última carrera de aeroplanos del siglo

estaba por vuelta de las treinta mil libras  

y su gran anhelo era volar solo

sobre los bosques

 

nadie lo supo pero le maravillaba

su vida vista desde aquel aeroplano

habría nubarrones es verdad

cada vez más sombras sobre la tierra

pero su vida vista desde el aeroplano era tan grande

nunca había conocido una cosa así

 

y aquí abajo decían:

“su vuelo se demora sobre cada bosque

y desaparece

nosotros vemos los bosques

pero no lo vemos a él”

Luego de haber cerrado todo, abro de nuevo una puerta

y tambaleante corro hacia la oscuridad vacía

me asusta a ciertas horas la compañía

de lo que no se adormece

la resistencia de eso en nuestro espacio

movido por otras fuerzas

 

Pero también me sucede encender primero la luz

y sólo después

sentir un miedo irracional a la casa que me protege

de sus remolinos imperceptibles

los cuales siento cada vez más cercanos

como si estuviera ya para morir

a manos de Dios mismo

 

No consigo despertar vivo de estas cosas:

aprovecho el ruido del atardecer y grito bien alto

me alejo un instante de ti (sólo un instante)

para cerrar los ojos que tanto me arden

o desde las márgenes le arrojo hojas al río

para medir el tiempo de una vida

en naufragio

(La sección OTROS ÁMBITOS continúa en la página siguiente)
PÁGINA ANTERIOR
PRIMERA PÁGINA
PÁGINA SIGUIENTE
EL SILENCIO

En esos días yo vagaba entre árboles

con el arma cargada, y disparaba

contra el silencio de las ramas más altas

sólo para contemplar el revuelo de los pájaros

en desbandada

 

Sentía una emoción profunda —de la cual ahora me apeno

cuando veo aquellas imágenes asustadas:

fragmentos veloces, pasajeros, secretos que se borran

en esos días lejanos ni imaginaba

que la vida puede ser interminable

 

Lo que dejaste abandonado regresa —aprendemos después

cuando, por ejemplo, la olvidada infancia se asemeja

a ciertos perros abandonados a propósito a muchos kilómetros

que ladran sin que sepamos cómo

a la puerta del viejo hogar

Para leer el texto original en portugués, PULSE AQUÍ.
Calle Príncipe, 25 y El silencio fueron traducidos por Armando Chávez Rivera; El poema fue traducido por Jesús J. Barquet; PlátanosLa última carrera y Septiembre fueron traducidos por Chávez Rivera en colaboración con Barquet.

Regresamos a una tierra misteriosa

traemos una herida

y el cuerpo herido

de repente nos empuja

a los confines más remotos

 

Giorgio Armani dijo

a un periódico inglés: “el lujo me desagrada,

es antidemocrático.

Ahora quiero homenajear a los obreros de todo el mundo”

Yo sólo pensaba en San Juan de la Cruz

mientras oía por enésima vez:

“la moda sustituyó el lujo

por la elegancia”

 

San Juan habla de coronas

brillos, casullas

vestidos de seda, relicarios de oro y

diamantes

 

más allá del juego de nuestras defensas

cualquier cosa interior

intensa soledad de las tempestades

los campos inundados

los sitios sin respuesta

 

tu silencio, oh Dios, transforma por completo los espacios

José Tolentino Mendonça  (Madeira, 1965) fue ordenado sacerdote católico en 1990.  Ha escrito teatro y es autor de textos sobre temas bíblicos y poesía religiosa, así como de los poemarios Os dias contados  (1990),  Longe não sabia (1997),  Baldios (1999), De igual para igual  (2001) y  A estrada branca  (2005).  En 2006 apareció su recopilación poética A noite abre meus olhos.  Sus poemas acompañan las pinturas de Ilda David' en  Tábuas de pedra / Stone tables  (2006). Textos suyos han sido traducidos al italiano, inglés y francés.  Entre sus traducciones de textos religiosos, se destaca  O cântico dos cânticos, de 1997.