este libro. pasa un dedo por la página, siente el papel
como si sintieras la piel de mi cuerpo, mi rostro.
este libro tiene palabras.
olvida las palabras por
momentos. lo que tenemos que decir no puede decirse.
siente el peso de este libro. el peso de mi mano
sobre
la tuya. nos damos la mano cuando sujetas este libro.
no me preguntes quién soy. no me preguntes nada.
yo no sé responder
a todas las preguntas del mundo.
pon los labios sobre la página. pon los labios sobre
el papel. despacio, muy despacio, vamos
a besarnos.
despacio, el tiempo lo transforma todo en tiempo.
el odio se vuelve tiempo, el amor
se vuelve tiempo, el dolor se vuelve
tiempo.
los
asuntos que consideramos más profundos,
más imposibles, más permanentes e inmutables,
se van despacio transformando en tiempo.
por
sí solo, el tiempo no es nada.
la edad de nada es nada.
la eternidad no existe.
y así y todo, la eternidad existe.
los instantes
en que tus ojos estaban fijos en mí eran eternos.
los instantes que duraba tu sonrisa eran eternos.
los instantes de tu cuerpo de luz
eran eternos.
fuiste eterna hasta el final.
todo será ordenado algún día.
los secretos, organizados en palabras indelebles.
las aves de antaño existirán en páginas numeradas,
en
la piel y en los altiplanos.
las aves, las palomas, las cigüeñas, planearán
dentro de la tierra y la ceniza de los archivos.
el
polvo será organizado algún día.
cada hombre será una llama en las estanterías
[de las bibliotecas.
las miradas,
los gestos, lo que no sabemos explicar,
[las manos,
serán humo en orden alfabético.
algún día, después de mí,
estos
versos serán huesos
incomprensibles y mudos.
las flores se abrasarán en el aire que respiré.
de mi pecho crecerán los árboles.
y
cuando las paredes muertas, el cielo,
sean sólo esta mesa donde escribo,
seré el impreciso lugar de mí y de mis pasos
que suben, que
bajan, una escalera de plomo.
y de noche, despertarán las sombras
en su orden perfecto
incandescente
dame algo de tu piel tierra
tú que no me pides nada y
me apareces de noche vestida de
desnudez piel tierra y me abres caminos
para que
te conozca dame algo
del silencio que me das para que
en él te diga piel tierra si de noche
me apareces iluminada con muchos
pájaros que
nacen y que vuelan que
nacen y que vuelan silencio piel tierra
para que te conozca dame lo que
das a todos y nunca diste sino
a mí piel
tierra tú que me das
los gestos de mis manos
la música de mis palabras que
me das piel tierra escóndete
dentro de mí
como un rayo que rompe la vida, como una flor
que florece desmedida, como una ciudad secreta
levantándose del suelo, como agua, como
pan,
como un instante único de la vida, como una flor
que florece desmedida, como un pétalo de esa flor
levantándose del suelo,
como agua, como pan,
así naciste en mi mirada, así te vi,
flor que florece desmedida, instante único
levantándose del suelo, rompiendo
la vida,
así naciste en mi mirada, así te amé,
vida, agua, pan, rayo que rompe una ciudad secreta
levantándose del suelo, flor
que florece desmedida.
José Luís Peixoto (Galveias, 1974) se ha destacado como narrador y poeta. Es autor de los poemarios A criança em ruínas (2001) y A casa, a escuridão (2002). Su obra narrativa se ha traducido a varias lenguas (español, inglés, checo, turco, francés, entre otras). Ha recibido el Premio José Saramago. Escribe también crónicas y teatro. En 2005, su pieza teatral Anátema se presentó durante el Festival de Otoño de París. Fue el primer escritor portugués que residió en la Ledig House de Nueva York. Su novela Cemitério de pianos aparecerá en traducción al español en noviembre de 2007 por la Editorial El Aleph, de Barcelona.