la formulación de preguntas es, en sí misma, el rito correcto
Confucio
(Analectas, III, 15)
En los vastos espacios del arte
y la literatura contemporáneos, y en particular en los terrenos ambiguos e inseguros de la poesía, proponerse demostrar teorías previas
al trabajo creativo es un ejercicio riesgoso. Pues toda teoría, es decir, toda propuesta en el desierto, toda pregunta ante
la esfinge, sólo puede cobrar su validez primordial, su peso convincente, cuando logra desplegarse en las obras que ese gesto intelectual
genera. Si al final esas obras nos capturan y renuevan con su poder evocador, con su capacidad de instruirnos y con su voluntad
de exploración arbitraria, entonces las ideas previas fueron útiles o se aplicaron con pericia, ya que en este campo lo fecundo
es la manifestación más rotunda de lo verdadero. Si las ideas sirven en efecto para estimular y mantener el fervor creativo,
entonces deben de ser ideas convenientes.
La revista DECIR DEL AGUA se complace en acoger, en la sección Otros ámbitos de esta entrega, una muestra de poesía y arte de diversos
autores que se agrupan (es decir, hallan su entusiasmo creativo) bajo las teorías y los desafíos que muchos de ellos expusieron en
1999, cuando firmaron y dieron a conocer un manifiesto de “estética cuántica”. Si algo quedará en claro a nuestros lectores,
tras recorrer estas páginas y apreciar los poemas y las obras de arte visual presentados, es la vitalidad y la riqueza de lenguajes
y estilos de estos autores, la fuerza indagatoria y el talento que ponen en su excelente trabajo. Las teorías que les sirven
de apoyo tienen que ser, por eso mismo, bienvenidas.
Este proyecto es el resultado de la generosidad de todos los autores incluidos, que pusieron el fruto de su labor a disposición de
nuestra revista: los poetas Rafael Guillén, Gregorio Morales, Fernando de Villena, Pedro José Vizoso, Rosario de Gorostegui,Belén Juárez y Francisco Plata y los artistas visuales Antonio Arellanes, Mirta Cidra, Lynda Lowe, Andrés Monteagudo, Ivonne
Sánchez Barea y Xaverio.
Pero la muestra es, sobre todo, el triunfo de sus dos promotores: Javier García Hernández, nuestro editor
invitado en este número, quien se encargó de la selección de los poemas, escribió un texto introductorio y nos ayudó en múltiples
detalles, y Miguel Ángel Contreras, que fue incluido en la selección de poetas y se desempeñó como coordinador incansable de la edición,
la vigiló amigablemente y la protegió en todas sus etapas. Javier y Miguel Ángel fueron, valga destacarlo, las voluntades propiciadoras
de este esfuerzo, sus ángeles guardianes.
Para todos ellos hago constar aquí, con satisfacción, mi profundo agradecimiento.
En nuestra próxima entrega, que saldrá el 25 de abril de 2008, nos iremos de viaje.
Iremos a Guantánamo, Cuba. No a la imagen que de ese lugar han difundido la prensa y la política en tiempos recientes, no a una base militar (absurda y terrible como todas las bases militares), sino a una ciudad prodigiosa donde abundan los poetas y los artistas. Iremos a los parques y a las plazas de esa ciudad, a recibir el tesoro que sus creadores ofrecen. Tendremos fotografías que en un reciente viaje tomó Germán Guerra, de nuestro Consejo Editorial, y pinturas de Joherms Quiala, que capta el color y la luz de su tierra desde la perspectiva de un visionario. La edición estará a cargo de Ena Columbié, nuestra editora invitada en ese número. Y desde luego, también vendrán a este viaje otros poetas nacidos en Guantánamo, a quienes la desidia del poder ha puesto a vivir fuera de su país natal. Será, esperamos que sea, una fiesta de todos.
En estos terrenos no hay verdades ni mentiras; hay sólo obras asombrosas y obras previsibles. La ciencia descubre y demuestra
leyes autónomas; el arte busca lo que se escapa de esas leyes. En la labor artística, la conciliación de contrarios ocurre
sólo de modo ocasional, instantáneo, y se circunscribe al momento en que el artista materializa su energía creadora y la concentra
por completo en la obra concluida. Por eso cada resultado de esa labor establece sus propios principios, sus propias
soluciones, y contiene una variante única de esa misma energía. Ninguna de esas variantes puede predominar, y en eso radica
el carácter inagotable de la imaginación artística. Cada obra aparece para sumarse productivamente a las otras y prolongar esa
transferencia de fuerzas. Algo muy similar a lo que ocurre entre los átomos, que nunca cesan de intercambiar sus cargas eléctricas
en la insondable libertad de la materia.