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OTROS ÁMBITOS / POESÍA CUÁNTICA: OCHO POETAS (continuación)
Rafael Guillén
CRISTAL ROMANO
SIEMPRE LLEGAMOS A DESTIEMPO...
Lynda Lowe : Not Yet Spoken.   Técnica mixta sobre madera, 48 x 66 pulgadas, 2007.
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MUSEO DEL AIRE
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
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Si este ungüentario de cristal romano

que veinte siglos irisaron, donde

la transparencia envejecida apenas

deja ya ver el soplo que le diera

forma de lágrima y que aún se esconde

en su interior como con miedo a verse

en otro tiempo; si este vaso leve

que otro soplo o milagro ha conservado

indemne entre los mármoles partidos

de la arrasada villa, resbalase

de mis manos y en un funesto instante

se estrellase en el suelo dulcemente,

consternación aparte, no sabría

apreciar las distintas magnitudes

de tamaño suceso, ni sabría

ponerle fecha; pero estoy seguro

de que en el tiempo aquel, que permanece

detenido entre togas y columnas,

se oirían los clamores del desastre.

 

                       (De Los estados transparentes)

Siempre llegamos a destiempo.

Cada llegada es un fracaso. Parte

ya el tren y conseguimos

subir en marcha. Todo en vano.

Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido.

A través del cristal nos asomamos,

pero la vida ya se ha ido; todo

se ha ido inacabado.

Estamos viendo, rostros, árboles,

de otras personas y otros campos.

Estamos contemplando una montaña

que ya no es esta misma que miramos.

Oímos voces, gritos, carcajadas

que hace ya tiempo que sonaron.

Difícilmente pretendemos

hallar una respuesta por el tacto;

y cuando al fin tocamos algo vivo

ya no está allí lo que tocamos.

Cada momento que nos lleva

es un presente ya pasado.

Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido;

se había ido al alcanzarlo.

 

                                 (De Las edades del frío)

Toma en sus manos el cincel y, solo,

de poder a poder, se enfrenta

con la piedra.

           Y la va desbastando,

y mete en puntos una idea,

da solidez a un pensamiento.

 

Mas, a medida que perfila el rictus

de los labios, el pliegue

o la arruga del manto, va esculpiendo

también el aire que rodea

la naciente escultura,

va modelando lo incorpóreo, el hueco

reflejo de las mismas formas.

 

Esos huecos son los que busco, ese

Moisés, esa Piedad, que andan vagando

por no sé dónde y que quisiera

poder un día contemplar.

¡Qué museo del aire! ¡Qué esplendente

galería de estatuas

magistrales, sin las imperfecciones

de la materia, sólo el alma

intangible, el espíritu

de cada obra!

 

            (De Los dominios del cóndor)

LAS BÓVEDAS DEL AIRE

Como en nervudos arcos

transparentes y altivos lo intangible

manifestando su dureza, alzando

la sólida estructura de su propia

inexistencia perdurable;

            como

la claridad de una vidriera, en torno,

trenzando sus tupidas

mallas inconsistentes y el silencio

acolchando los huecos

de esta otra forma de materia;

           como

el universo, nuevo, renaciendo,

volviendo a ser en otra

dimensión no visible;

como un fulgor translúcido

en medio mismo de la nada,

           todo

el vasto imperio de lo bello sube

envuelto en alas y en susurros, sube,

crece, se expande en albos

corales, mudos cánticos de gloria,

litúrgicos lamentos,

            sosteniendo

las altas bóvedas del aire.

 

                       (De Los estados transparentes)

GUARDO TUS MANOS...

Guardo tus manos, que iban poniendo

musgo por mis roquedales

desnudos y no guardo

los brotes perecederos.

Guardo tus ojos, en los que iba viendo

pasar el barco de la dicha y no guardo

los arreboles del ocaso, que teñían

de sangre y oro nuestro amor.

Guardo tu dolor y no guardo

los golpes y las ramas cortadas.

Porque sólo es cierto lo que permanece.

Porque somos lo que hemos sido.

Porque el tiempo no existe:

lo que existe es la historia.

 

                       (De Las edades del frío)

Rafael Guillén (Granada, 1933).  Su obra poética participa de las coordenadas más valiosas de la Generación del 50. Ha publicado los poemarios Antes de la esperanza (1956), Pronuncio amor (1960), Límites (1971), Los estados transparentes (1993), Las edades del frío (2002) y Los dominios del cóndor (2007).  Ha recibido el Premio Nacional de Literatura, el de la Crítica de Andalucía, el Boscán y el Ciudad de Barcelona, entre otros.  También cultiva la narrativa y el ensayo.  Sus poemas y artículos han sido traducidos a numerosos idiomas.