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Fernando de Villena
EL CAMINO
UNA POÉTICA EN EL DESVÁN
(La sección OTROS ÁMBITOS continúa en la página siguiente)
ELEGÍA XIV
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Andrés Monteagudo: De la serie "Fugas".  Acrílico, alambre galvanizado y corte con cuchilla sobre tela y madera, 50 x 74 cm., 2007.
ADIÓS
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
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OTROS ÁMBITOS / POESÍA CUÁNTICA: OCHO POETAS (continuación)
Andrés Monteagudo: De la serie "Fugas".  Acrílico y alambre galvanizado sobre tela y madera, 200 x 150 cm., 2007.

Fernando de Villena (Granada, 1956).   Doctor en Filología Española por la Universidad de Granada.  Ha dedicado varios estudios a poetas del Siglo de Oro, entre ellos: El primer culto de España: D. Luis Carrillo de Sotomayor (1984) y la  Antología lírica de Luis Barahona de Soto  (1991).  Profesor de literatura española en Granada.  Ha publicado una veintena de libros de poesía, recogidos en los volúmenes Poesía 1980-1990  (1993) y  Poesía 1990-2000  (2004).   Actualmente está preparando un poemario titulado Elegías.   Es autor de varias antologías poéticas y cuenta también con una importante obra narrativa.

Sombrío es el camino y tortuoso

que a la Estigia conduce.

Creyeras que es la noche cuando avanzas,

y el sol no se ha dormido todavía,

pero las altas ramas

de pinos y cipreses

impiden todo atisbo de su luz.

Se oye a veces un trino

colmado de misterio

que suena a despedida

y casi también como advertencia.

 

Es sombrío el camino

que entre campos de loto

poco a poco desciende

tal la lenta serpiente hasta su presa.

 

Acaso aún lo ignoras,

pero noche tras noche,

cuando crees que sueñas,

pero día tras día,

cuando crees que vives,

recorres su calzada pedregosa,

te acercas a las aguas del silencio.

 

                       (De El Mediterráneo)

A veces un instante

del tiempo se equivoca

y todos los aromas y sonidos

o tal vez los sabores, las personas,

los sitios de otros años que se fueron,

renacen de repente

con una intensidad que casi nos asusta.

 

Y vemos a los muertos

que tanto nos amaron

y nos hablan de nuevo

y no es un sueño todo.

 

Granada a nuestros pies, otra Granada

más íntima y fulgente

bajo la suave noche de un otoño

que yo ya no recuerdo.

 

Los juegos con mis primos;

mis padres en el auto,

y el olor del pinar que comenzaba

en la misma cuneta…

 

A veces un instante

del tiempo se equivoca.

Es un instante sólo,

pero brilla y nos arde en lo más hondo

como si fuera eterno.

 

                       (De Elegías)

La vida se nos iba

en días inocentes

de mansa lluvia y frío en los tejados.

Leíamos sin orden, amábamos a veces…

El vano conversar y la esperanza incierta

nos llevaban el resto.

 

En días soleados

las fieles estaciones al paso por los chopos

—ya verdes, ya dorados, ya desnudos—

silentes nos decían la vida se nos iba.

 

Y se nos fue la vida, ¡tan callando!,

sin traer una nueva primavera

después del largo y doloroso invierno.

 

                       (De Delfín de ausencias)

CEMENTERIO

Aquí, bajo esta losa

que una estatua, besada por la lluvia,

custodia, diligente,

el caudal se remansa de los míos.

 

Duermen todos —ya tierra, ya gusanos o nada—,

duermen todos y fueron necesarios

para que alcance ahora

el aura de mi sangre

la yerta rama de este pensamiento.

 

Aquí, bajo esta losa, cerca de estos cipreses,

reposarán un día

todo el fuego de playas al crepúsculo

que mis pupilas guardan,

todo el temblor de labios femeninos

que conservo en los míos cual tesoro,

todo el amor que el corazón me cerca,

todo el dolor que alienta mis entrañas.

 

¡Es tan breve la vida para tan larga muerte!

¡Es tan leve este mármol para tan áurea vida!

 

                       (De El libro de la esfinge)