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Mirta Cidra:  Molino de energía.  Lápiz, color y grafito sobre papel, 45 x 65 cm.  1999.
PARÍS, 1999
CASA PERDIDA
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Pedro José Vizoso
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CUALQUIER CALE: UNA CALLE EN UN RINCÓN DEL MUNDO...
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
OTROS ÁMBITOS / POESÍA CUÁNTICA: OCHO POETAS (continuación)

En un libro de piedra están los nombres

de todas las ciudades de la sangre.

Por el cauce del Sena pasa el tiempo

con todo su cortejo de palabras.

 

Un hombre por los puentes pasa, oscuro,

dejando el abanico de sus pasos

como una rosa abierta, destrozada,

o el charco de mercurio de un espejo.

 

Una muchacha que no tiene párpados,

con sus ojos de herrumbre, anda perdida:

ardieron en el aire mis recuerdos

como un escapulario de perfumes.

 

Pisé fotos, auroras, calendarios:

ahora estoy muerto y no sé lo que busco.

acaso ya estoy muerto y me paseo

por las casas que tuve: las paredes

se ahondan en espejos polvorientos

donde apenas las sombras de la música

acumulan sus turbias floraciones

de instantes entrevistos: huelo el moho

que muerde lentamente estos silencios

y que cubre la noche y los objetos,

los cuadernos, las fotos, los sillones,

con un manto de lodo y de lombrices:

los rostros de mis hijos y mi esposa

que no sé dónde están, que están tan lejos

que apenas los vislumbro y ya se borran,

y no sé si están muertos o son máscaras:

las ventanas que dan a un cielo turbio

de un mundo sin relojes: las ventanas

rotas que dan a un siglo diecinueve

de niños silenciosos y de escuelas,

de armarios, de pupitres y de féretros:

afuera siempre llueve, llueve, llueve,

y el agua sucia de esta lluvia empapa

las alfombras, los libros y los muebles

que habitan caracoles y crustáceos:

igual que siempre llueve en el pasado

llueve ahora en mi casa, llueve siempre,

y esta lluvia es de hierro, como un ácido,

y me borra la cara, las imágenes

que mis ojos guardaban como brasas,

y el rescoldo del alma está muy frío

y se ahoga en el humo de una tarde

que ya no tiene luz: y vuelvo a verme

andando por las casas donde estuve

tal si fuera yo mismo algún recuerdo

que ya nadie recuerda: estoy perdido

y no puedo encontrar lo que buscaba:

un libro que aún no he escrito y cuyo título

es una cicatriz que se deshace

en mi frente vacía: un libro hundido

en esa biblioteca de ceniza

empapada de lluvia y de parásitos

que se deshace como un pan mojado,

como un buque en el fondo de los años...

Cualquier calle: una calle en un rincón del mundo,

está sola en sí misma, con sus cielos y charcos,

con sus rotas ventanas y sus autos inmóviles,

con sus niños de herrumbre que juegan en los patios.

 

Una calle en la roja ciudad de la memoria,

la ciudad que no acaba y que aplasta el ocaso:

esa calle me espera bajo los nubarrones

de acero, lodo y viento de un siglo ya pasado.

 

Si la lluvia la moja se hace rosa de hierro

y florecen de súbito puentes, cúpulas, arcos:

y la ciudad es como una herida reciente

que dejara en la historia sólo un rastro de fango.

LA REALIDAD REPOSA
SOBRE SÍ MISMA: ES ISLA...

La realidad reposa sobre sí misma: es isla

en medio de la calma de una tarde perdida:

todo está colocado como si ya no fuera

más que el fijo recuerdo de una persona muerta.

 

Todo está colocado tan limpio y tan lejano

que parece el paisaje de un remoto pasado:

ya no hay sombra en la sombra bajo la luz metálica

de estas cosas que se hunden en su propia sustancia.

 

Todo está tan inmóvil y todo está tan limpio

que en el árbol no hay árbol y no hay río en el río:

todo parece un sueño que alguien haya olvidado

y que está en lo real como estampa en un libro.

Pedro José Vizoso (Xinzo de Limia, Ourense, 1959). Licenciado en Filología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y diplomado como Master of Arts por New Mexico State University.   Ha vivido y trabajado en España, Suiza, Venezuela y actualmente prosigue sus estudios de postgrado en la Universidad de Arizona.   Ha publicado tres libros de poesía: Lo real  y su sombra  (1993),  Cuaderno de bosque  (1995) y  La doble vida  (2004 y 2007).   En 1999 publicó también una traducción de la obra poética de Gérard de Nerval.  Los poemas que aquí publicamos eran inéditos.