Hay un paisaje que no existe
y sobrepasa los límites un día de febrero
cuando es irreal la tarde;
se abre paso la luz por un instante
sobre
la frágil armonía del tacto.
Anochece sin pudor en la ciudad de la memoria,
hasta quedar del día un color sin contrastes,
los perfiles del afecto,
la soledad frontal
de las últimas luces.
Y deseamos el amor.
Dice el viento, mientras despeina los días ordenados,
que más allá de las voces saladas,
la fuerza de nombres repetidos,
las telas de
arena y coral,
hay siempre una ventana al mar adentro.
Llego a ti
como una extraña que viene cansada,
náufrago de mundos;
no sé si estás entre las barcas que duermen a lo lejos
o te llamas
mi horizonte.
Ábrete la blusa,
que caigan los botones de la noche
sobre el silencio interrumpido
y se disipe la niebla, ese miedo antiguo.
Rosario de Gorostegui (Santander, 1961). Licenciada en Historia del Arte y en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Ha publicado los poemarios Estación del Sur (1994, Premio de Poesía José Hierro), Podría ser un año (1999), Cien raíces para quedarse (1999), De puertas para afuera (2001) y Pago del viernes (2006). Cuenta
en su haber con dos libros de relatos cortos: Seis lechos de madera tibia con cerezas y Sones de
nana vieja. Reside en Granada. Los poemas que aquí publicamos eran inéditos.
Colecciono perfiles de sol, un arco iris
de lluvia entre la risa de los tonos,
abrigo y túnica de lentas tardes
que acuden como niños
a
llenar estos fríos con sus ecos.
El primero de sus quehaceres,
buscar similitud a un cuerpo ya caliente,
que pisa tierra, que bebe, que respira.
Contener
el fuego, averiguar el Sol,
cambiar los ídolos por piedras,
y hacerse piedra que resista destrucción.
No viene la mujer a sus espaldas
oculta
corazones a la vuelta de los siglos
y fuego será su consentimiento,
sucuerva deseada
su quema caliente
su amor por hacer.
Fue en Altamira, pero nunca existió el fuego.
(De Destierro en cuatro ángulos)
En la estirpe del Árbol Padre,
este tiempo permite la eternidad.
De cada instante,
queda la pausa y el delirio de imposibles,
que
por reproche,
se hace almendro en nuestra encina
las sombras de todos nuestros hijos.
Pronto la señal de asegurarse la tirada,
tiene
el suelo de los años prometidos,
sin embargo,
de esta Madre Tierra que sustenta la promesa,
la Noche sigue siendo templado aire de
nuestras experiencias.
La Encina encierra la casa partida,
desciende a sus raíces la palabra oculta;
comenta a la gata su cuerpo
infinito,
y sentencia una obediencia centenaria
para siempre...
Belén Juárez (París, 1965). Doctora en Farmacia por la Universidad de Granada. Ha cultivado la escritura, la pintura y
la traducción. Colabora habitualmente en revistas literarias y en diversos medios de comunicación. Es autora de los poemarios Destierro en cuatro ángulos (1999), La noche de ayer ( 2001), El universo de las luces (inédito) y
El teatro de los cuerpos (también inédito), entre otros Además, ha participado en numerosos actos culturales
y recitales poéticos. En la actualidad desarrolla su actividad de investigadora en el Instituto del Agua de la Universidad
de Granada, ciudad donde reside.