Página 10
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
PÁGINA ANTERIOR
PRIMERA PÁGINA
PÁGINA SIGUIENTE
OTROS ÁMBITOS / POESÍA CUÁNTICA: OCHO POETAS (continuación)
Francisco Plata
Antonio Arellanes: Macrospace.  Técnica mixta sobre lienzo, 54 x 54 pulgadas. 
(Aquí concluye la sección OTROS ÁMBITOS)
PÁGINA ANTERIOR
PRIMERA PÁGINA
PÁGINA SIGUIENTE
LA JAULA

No nos damos cuenta de que tiene sed

con sólo un cesto para el pienso,

y llora de tanta sed que tiene,

mientras el olor de su excremento

le sube por el pelo y se le impregna

entre los ojos, esos ojos chiquitines

en los que me reflejo y te reflejas,

los ojos que le hundimos por la sed,

que le vamos a cerrar ya para siempre.

El cachorro mueve la cola

y nos lame de tanto que nos quiere,

sonreímos, acercamos nuestra mano,

y acabamos olvidando:

él no es más que un rincón

en un almacén glacial y pestilente

de ese pueblo, tan diminuto

en la región al sur de un país moderno,

un estado de los tantos que ha engendrado

este planeta, tercero en el sistema

que gira en torno a una estrella

de las más lejanas al centro

de la galaxia que mueve en su espiral

algunas millonadas, quién sabe cuántas;

una galaxia más bien pequeña a este lado del universo,

del universo éste donde resuena

el gemido del cachorro que tú y yo hemos enjaulado.

 

                       (De El ángel de la peste)

ARENAS BLANCAS

Que es yeso, te dicen, esta arena blanca

que se extiende sin descanso

en dunas que el viento moldea

y empuja con la paciencia infinita

del que no espera nada ni a nadie aguarda.

Que toda esta cuenca inmensa, explican,

era un mar en la última edad del hielo

y el blanco desierto de ahora su lecho

que sigue brillando, millones de años después,

en arenales cristalinos y cambiantes.

Pero de todas las versiones, sólo hay una

que te aclara este misterio de luz, arena y viento:

las leyendas indias hablan de blancas paredes

de pájaros inmolados por el relámpago.

LA OTRA ORILLA

El Volga es ancho como un mar.

Un barco cruza lentamente

hacia otra orilla

que no se ve,

otra margen que hay que suponer,

o presentir

igual a ésta:

con olas, con arena,

con estos nuestros pies desnudos,

y una brisa para rodearlos.

Me lo acabas de decir:

El Volga tiene orillas

que no se conocen.

 

El barco ya se está alejando

y aquí, todavía,

las olas, la arena.

 

Tal vez, en la otra orilla,

unos pies se hayan acercado

y esta misma brisa los envuelva.

 

                       (De Tierra Negra)

CIUDAD DE MÉXICO

En las noches de amplitud intensa

observo la Ciudad por todos los días

que no pude verla.

Pienso las noches de Ciudad

por todas las horas que pasé soñándola,

por las veces que la presentí.

Mi vista es pequeña para el mar de luces

que viene a mis ventanas;

mis dedos, y los de Raquel dormida al lado,

y los de veinticinco o cinco mil millones de personas

no bastan para palpar la noche de Ciudad,

y abarcarla, y saber dónde termina,

porque sospecho que Ciudad no tiene fin,

que de una acera a otra hay tanta distancia

como infinitas las posibilidades de cruzarla.

Ciudad no tiene fin. ¿Acaso hay algo que termine?

La noche es un monarca que nos engaña y sobrecoge,

y nos hace pagar el tributo

de no saber atravesarla con los ojos vendados

y las manos atadas a la espalda.

Yo miro la noche mexicana y me pregunto

dónde acabará Ciudad, por miedo a descubrir

que no somos nadie en ella,

que no somos nada.

 

                       (De El ángel de la peste)

ENCUENTRO

De lo que pudo ser si cada acto

no hubiese sido la exclusión de todos

los demás ese instante.

                                   Rafael Guillén

 

Una es la acera

que guía dos cuerpos

a su encuentro.

Una sola acera, las baldosas,

los cierres de las tiendas,

los bares y un taller,

portales, farolas, coches,

una calle completa

en el tráfago de la gran ciudad

ajena a esta acera gris y cuarteada

con unos discos recién comprados, él,

paso lento, distraído, y ella,

desenvuelta, mirada alta, melena corta,

y un libro a medio leer

en el bolso que se cae

y detiene los pasos

de ambos al encuentro

de un futuro ya escogido.

Francisco Plata (Granada, 1976).  Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y diplomado como Master of Arts por New Mexico State University.  Como poeta es autor de los libros  El ángel de la peste  (2002)  y  Tierra Negra  (aún inédito).   Profesor de español en Orël (Rusia), Las Cruces (Nuevo México) y, en la actualidad, en la Universidad de Texas en Austin, donde reside y realiza estudios de postgrado.  Ha colaborado con poemas, cuentos y artículos críticos en diversas publicaciones de España y Estados Unidos.  Los poemas “Arenas blancas” y "Encuentro" no pertenecen a libro alguno y eran inéditos.