En esta sección aparecerán reseñas sobre libros de poesía recién editados. Reseñaremos algunos de los poemarios que se
remitan a esta dirección: Reinaldo García Ramos, P. O. Box 403683, Miami Beach, FL 33140, USA. Como tenemos limitaciones de
espacio, lamentamos no poder comprometernos a reseñar todos los libros que se reciban.
Olympia González
EL VÉRTICE OPACO DEL ASOMBRO
Poemas de Guillermo Arango
EL LENGUAJE DE LOS MUERTOS
DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
(La sección VESTIGIOS DEL OLEAJE continúa en la página siguiente)
Guillermo Arango: Sorpresa de la noche. Miami, Bluebird Editions, 2007, 82 págs. Ilustración de portada: Cradle of Life,
11, de Ofill Echevarría.
En este libro, Guillermo Arango nos orienta por un camino incierto, pero nos obliga a no dejar de avanzar; los poemas que contiene
se asemejan a encuentros exploratorios durante un trayecto en profundidad, durante el cual el lector avanza, pero da pasos que podrían
ser tropezones contra obstáculos amañados en la oscuridad. De ahí viene la sorpresa, lo desconocido en que insiste su título. Cuando abrimos el libro, aparece una advertencia: los poemas tienen un orden; hay una serie de etapas que se van abriendo y otras
que van quedando atrás. Cada poema es una preparación para el siguiente, como cada día se convierte en un pasado a rescatar.
El
poemario se inspira en una mística. Es producto de una voluntad de purificación, como si pasáramos polvo de oro por un tamiz,
para alcanzar la visibilidad: en este caso no se trata de oro, sino de luz, la que despiden las estrellas negras, el vacío, la negación
y la nada. El poeta nunca nos abandona en este viaje tortuoso hacia la nada y, en el poema inicial, “Primera noche” tiende la
mano al lector: en mi pecho haré lugar / para tu cuerpo frío / y al llegar el alba / abrazaré tu sueño / y marcharemos juntos / con
tu atuendo de sombras... El hecho de que ese camino parece desembocar en la muerte o el final de toda experiencia tiende a constreñir
los matices de la lectura, pero positivamente, ya que nos impide distraernos con lo superficial: la “noche” del título no sólo
representa el ciclo natural de los días, sino también los momentos en que nuestra existencia parece toparse con lo insondable, momentos
comunes a las vivencias del amor, los sueños y la nostalgia.
Al comenzar la lectura sentimos miedo y hasta fastidio. La tristeza no parecería el motor adecuado para impulsarnos hacia lo
desconocido. Es aquí donde se manifiesta la riqueza poética de este libro: con un lenguaje medido, exacto, nos lleva al
descubrimiento interior y al reconocimiento de la angustia que se esconde en las rendijas del mundo que habitamos. Así se exploran
los límites más delirantes de la vida, las dudas y el miedo que guardamos en la intimidad, entre los sueños y las pesadillas, para
mostrarnos la frágil división entre presencia y muerte. Encontramos frases que surgen del dolor de la separación, pero que niegan
que haya separación de lo que amamos. El poema “Un abrazo perdurable”, por ejemplo, evoca a un viejo amigo de la infancia compartida
en una lejana ciudad tropical, muy apartada de las nieves de Ohio, donde el autor reside; alguien ha telefoneado para anunciar su
inesperada muerte: Cerré los ojos / los cerré lentamente, para siempre. / Cuando los abrí / las estrellas eran radiantes
/ cabezas de alfileres. / Desde el sudario negro / de la noche descendía / un eterno abrazo perdurable..." El dolor y la sorpresa
se transforman por el impacto de pequeños alfileres brillantes, eco del cielo lleno de símbolos que ya conocía Fray Luis de León.
La
enfermedad y la muerte de los que amamos, la soledad y el sufrimiento, necesitan de una poesía que se distancie del dolor, pero que
también reconozca la inestabilidad de cada instante que compartimos con el otro. Son encuentros que se van alejando infinitamente
de su origen porque, como una piedra que cae en el agua, creamos nuestro propio centro de energía, de donde parten las ondas que se
expanden. La oscuridad choca entonces contra las fuerzas de esas ondas, y estos poemas vibran con esa extraña energía: No hay
signos de puntuación / excepto el punto final, dice en la página 50. En “La espera” escuchamos la voz de alguien que,
como en una pesadilla, se desliza hacia lo desconocido: Heme aquí / por la cuesta de las alucinaciones / de espalda como yacen los
muertos, / a punto de iniciar un viaje / que va má allá del silencio,/ un itinerario de tinieblas / sin fatiga ni distancia / que
no puede detenerse, / rodando hacia otra frontera, / franqueando una puerta oscura / para cruzar un umbral de miedo / y despertar
/ en el vértice opaco del asombro..." El miedo y el asombro son experiencias límites que intensifican nuestra vida y también
nos recuerdan su increíble fragilidad.
En este libro está presente la pasión angustiada de un San Juan de la Cruz, que ansía encontrarse
con el otro para quemarse en su llama, aunque Arango se aferra a la vida como “sobreviviente”, título de uno de los poemas (pág. 44),
y hasta en momentos de velado erotismo parece cuestionar nuestra definición solipsista del deseo: Las venas han abierto un cáliz
/ bajo las telarañas de sombra, / una alegría difícil sin custodia. Al concluir la lectura retenemos ese tono de melancolía
del que vive para la muerte, algo que intuyó Martí en su poesía acoplada al peregrinaje.
Guillermo Arango (Cienfuegos, Cuba, 1939) es licenciado en Literatura Española y Creación Literaria por Loyola University, Chicago. Se ha dedicado a la enseñanza y ha ejercido la crítica cinematográfica. Ha publicado los poemarios Memoria de un pasado inmediato(1992) y Cancionero de Jagua (2007). También es autor de narraciones breves. Reside en Delaware, Ohio. Los poemas
que aquí publicamos pertenecen al libro reseñado.
No hay gramática
en el lenguaje de los muertos.
El único verbo es intransitivo.
En su vocabulario
hay sólo un sustantivo.
No
hay signos de puntuación
excepto el punto final.
Amor, tu mirada
es una puerta abierta al final del pasillo
y un espejo manchado.
Dentro, la imagen de un niño que duerme
en posición fetal.
El
mismo niño que desde la ventana del miedo
inventa estrellas de diversos colores
en el origen de la noche más triste.
Olympia González nació en San José de las Lajas, Cuba. Hizo estudios de Filosofía y Psicología en la Universidad de Miami y
tiene un doctorado de Cornell University, Nueva York. Ha publicado numerosos artículos y ensayos sobre poesía cubana y del Siglo
de Oro, así como sobre folclore cubano, cine y novela. Actualmente es profesora de Literatura Española de Loyola University,
en Chicago, ciudad donde reside.