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CRONOLOGÍA DE UN INSTANTE
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LA IMAGEN DEL ESPEJO
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Quinta entrega / Enero de 2008
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PUERTAS ABIERTAS (continuación)
(La sección PUERTAS ABIERTAS continúa en la página siguiente)
Ihosvany Hernández González
Ivonne Sánchez Barea: La luz (De la serie "Q").  Técnica mixta sobre madera, 120 x 120 cm., 2004.

Escapas

pensando en los ojos que lavan tu sueño

orfebre dándole a la tarde

un bocado de palabras cayendo hacia el eco de Orfeo

tierra húmeda donde penetra tu mano y escapa la noche

y se adormece el cielo que dibuja tu cuarto

sobre la cerveza terminada

cronología exacta de mi mejor ambición.

VAMOS DEJANDO

Vamos dejando una casa con su sol

y ese paisaje de helechos cercenando el azul.

Atrás queda el viento

que alguna vez

trajo el olor a marino

mientras nos liamos al día con el azaroso recuerdo:

asumir el error de haber acariciado el pérfido labio,

la desazón de convidar al amigo

que no volvió por esos poemas consagrados al olvido.

Ya no tendremos el mantel de crudo lienzo

blanqueado a insistencia de la abuela

después de los almuerzos de domingo. Días

en que logró reunir un segmento familiar bajo los naranjos

donde amaron las tías al varón que nunca les perteneció;

años en que cargábamos con la escasez del recíproco amor

y llorábamos ingenuamente por la muerte de Federico

     [García Lorca

y nos confundimos de itinerario creyendo que la petulancia

tiene resortes para viajar

seducidos por el reflejo de un cuerpo evocado en alguna

     [elegía.

Vamos dejando la ciudad sin un Sena para suicidios ni

    [faraónicas piedras

pero que resplandece con su Cristo en la bahía y su

     [Capitolio

donde en aquella oficina

la amiga hizo eco de su legible manuscrito.

Dejamos la casa con su arsenal de arcilla y río,

con sus libros agolpados en un rincón de lo que fue

     [nuestro dominio

con las fotos en donde vimos el final de nuestra virginidad

junto al desconocido que sonríe

inclinado a ver

este pasaje al cierzo.

Vengo de lejos

digo

a escribir como puedo

en los metros y suburbios de Montréal

y nada cambia

excepto por el vaho de la tarde

el hedor de los puentes

escurriéndose en la nieve

la gente que apaga el odio contra los espejos.

 

Nada cambia

yo lo sé

lo vivo en la utopía de ser feliz

provocándome cada hora una salida

penetrando estas calles amparados por

     [los mercados

fruterías comercios desfiles

que al atardecer se convocan en la calle

     [de Sainte-Catherine

yo pongo mis ojos en los espacios abiertos

persigo tu mano que de noche

sentencia la paz con que arrastro mi orgullo.

 

Vengo de lejos

digo

a lamer como puedo

tu imagen más allá del azogue.

LA MADRE DE DOS PATRIAS, DOS PATRIAS Y UNA MADRE

Creímos que una isla era un país vencido por el sol y el salitre con que adormecimos nuestros rostros durante largos años de juerga.  Al atisbar las primeras postales holandesas izamos el sueño de nadar hacia otras islas donde apagar la sed.  París y Filadelfia fueron perfectos paisajes a color y cerramos los ojos percibiendo el olor a puerto, agua de rosas, jabón de tocador.  Al reverso iba la rúbrica del amigo extasiado con la nieve amortiguando la noche del veinticuatro de diciembre, noche donde la madre dormía en La Habana luego de bendecir al hijo pródigo en la larga distancia del teléfono.

Aquellas postales fueron designadas al decorado de nuestra oficina.  París y Filadelfia implantaron los rostros desconocidos, banderas de un futuro incierto como la nieve amontonada en las postales a color.

Creímos que la isla era la cándida madre dispuesta a lamer las llagas.  Fuimos criaturas reduciéndose a perder lo poco de valor conservado durante largos años de permanencia junto a la familia, propiciada lealtad para no correr hacia las primeras quimeras que ya se vislumbraban.

Tiempo después, la madre a la puerta alzaba la mano en la isla y decía vuelve con ese manojo de billetes del que tanto hablamos e iza mi sueño desesperado, inconcluso, ven a calmar la fiebre de este juego perdido a la espera del otoño.

Nuevas postales llegan a la isla, donde la madre clama por abordar la nueva patria del hijo, despojar la miseria de la mesa, el perdón de estos años de querer algo más que fanáticas pompas al verde olivo y a esa palabrería con que bordaron tantas bocas.  Palabras inútiles perforando las canciones de la tropa diezmada, jóvenes de pelo largo y botas deambulando por las calles en busca de helados y sexo o, si acaso, un poco de compasión por tanta ruina.

 

Montreal, 2006

Ihosvany Hernández González (La Habana, 1974). Cursó estudios de Historia en la Universidad de su ciudad natal.  Desde 2004 reside en Montreal, Canadá.  En 2006 resultó finalista del segundo Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, de México, con su libro Días despavoridos como ciervos.  También ha cultivado la narrativa: en 2005 recibió el segundo premio de “Tendiendo Puentes”, un concurso convocado por la Universidad de Toronto, con su cuento Salón Sahara, incluido en Ruptures, Continuities and Re-Learning; the Political Participation of Latin Americans in Canada.  Tiene inéditas dos novelas.  Los poemas que aquí aparecen eran inéditos.  Para más información, consulte la página digital http://es.geocities.com/ihoshernandez.