Con el poemario Libro de silencio, el escritor cubano Germán Guerra, miembro del Consejo Editorial de Decir del Agua, recibió el premio
al mejor libro en español publicado en 2007 por un autor residente en el estado de la Florida. Esta distinción fue concedida
en la categoría de Lengua Española por el certamen Florida Book Awards, un programa anual de premios que se propone dar reconocimiento
a la mejor literatura de la Florida publicada durante el año anterior.
El certamen otorga distinciones en siete categorías y
tiene como principal patrocinador al Programa de Estudios de Estados Unidos y la Florida, de la Universidad Estatal de la Florida. Cuenta además con el auspicio de otras entidades estatales. Los ganadores recibieron medallas de oro en una ceremonia
realizada en Tallahassee a principios de marzo de 2008. Los libros galardonados y sus autores serán incluidos en la edición
de julio de la revista Forum del Consejo de Humanidades de la Florida.
...breeding
lilacs out of the dead land, mixing
memory and desire
T.S. Eliot
El paso de los hombres por el tiempo, por la historia
del tiempo, es una larga sucesión de diástoles y sístoles, de causalidades y casualidades que encadenadas columpian los misterios
todos de la vida. El día de hoy —ya lo advirtieron Cervantes y Shakespeare, inventando las lenguas— no es más que el mañana
de ayer.
Dos líneas de obras angulares de la literatura contemporánea, el primer verso de La tierra baldía de Eliot: Abril es
el mes más cruel, y un título que deambula dentro de la gran ficción lezamiana, la Triangulación de Matanzas, líneas sin más contacto
físico que la publicación de dos cuartetos del inglés en la revista Orígenes, me dieron la relación de causa y efecto que ha hecho
coincidir todas las sutilezas y elementos, todas las imágenes y palabras que arman la presente entrega de Decir del Agua.
Este número, el sexto del segundo ciclo, nos regala un magnífico dossier de poetas guantanameros, con las voces y los sueños, las
esperanzas y las desesperaciones de un apretado grupo de jóvenes que nacieron en una ciudad marcada por el sino de los ríos que la
surcan. La revista cierra una perfecta figura geométrica sobre tres ciudades del oriente de Cuba que han sido manantial y fuente
de una rica tradición poética, y que han puesto en la literatura de Hispanoamérica el orgullo de sus mejores escritores. Si José Lezama Lima soñó la Triangulación de Matanzas en las páginas de su Paradiso, Decir del Agua materializa en las páginas de esta
entrega la Triangulación de Oriente.
En abril del año 2005 la revista presentó una muestra de poetas de Santiago de Cuba, en
abril del 2007 le tocó el turno a los poetas de Holguín, y hoy que ya es abril de nuevo, levantan la voz los hacedores de Guantánamo,
un triángulo perfecto de ángulos abriles, que gracias a T.S. Eliot seguirá siendo el mes más cruel, pero también seguirá engendrando
lilas de la tierra muerta y mezclando la memoria y el deseo, y pariendo poetas y palabras que serán escritas en todas las paredes
y cantadas por las voces del planeta.
De los poetas que conforman la muestra, cuatro gastan sus pasos todavía por las mismas aceras que vieron crecer a Regino Boti, los
otros se hundieron en el golpe del exilio y hoy andan de paso por las calles de Vermont, Santo Domingo, Quito y Miami. Decir
del Agua agradece cada metáfora, cada palabra y todos los desvelos de Ena Columbié, que aceptó el reto de ser la editora invitada
de esta entrega y prepararnos el plato fuerte desde su refugio en el exilio del exilio, en Los Ángeles, y a los poetas Rogelio Obaya, Anselmo Reyes, Redel Frómeta, Miladis Hernández, Ramón Elías Laffita, Eduardo Muñoa y Javier Trujillo todos los respetos y la certeza
de que muchos de estos poemas de hoy, que será el ayer de mañana, ya tienen un lugar en los anaqueles del tiempo, que es el paso de
los hombres por la historia.
Los óleos que iluminan estas páginas, las historias que cuentan, el dominio del color, de las formas, de las profundidades y volúmenes
que ponen una tercera dimensión en cada cuadro y hacen entrar en lo visible el mundo invisible del artista, los debemos a los pinceles
y al paciente genio de Joherms Quiala, uno de los jóvenes pintores cubanos que desde la Isla va ganando nombre y espacios en los ámbitos
de las artes plásticas de nuevos y viejos continentes.
Las fotografías son la memoria palpable de quien escribe estas palabras,
el retorno a los principios y cimientos de su aldea, cuando el pasado diciembre regresó a dar un abrazo a su madre y a su hermano,
a perder y encontrar nuevos amigos, pero sobre todo para llorar sentado bajo el sol, sobre la tumba rota de su padre.