Página 3
PÁGINA ANTERIOR
PÁGINA SIGUIENTE
PÁGINA ANTERIOR
PÁGINA SIGUIENTE
PRIMERA PÁGINA
PRIMERA PÁGINA
Guantánamo: imagen y palabra
Selección y coordinación
 de Ena Columbié, editora invitada
 
INTRODUCCIÓN
Tierra de ríos y piedras limpias
Joherms Quiala: Fogoso amor.  Óleo sobre lienzo,  40 x 60 cms, 2005.

Ena Columbié

OTROS ÁMBITOS
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Sexta entrega / Abril de 2008
California / Exilio / Primavera de 2008
(La sección OTROS ÁMBITOS continúa en la página siguiente)

Ena Columbié (Guantánamo, 1957).  Licenciada en Filología.  Ha publicado Dos cuentos (1987), El exégeta (1995), Ripios y Epigramas (2001) y  Ripios  (2006).  Gran parte de su obra está dispersa en revistas y periódicos de Cuba y de otros países.  Hay textos suyos en las antologías Lenguas recurrentes (1982), Lauros (1989) y Epigramas (1994).  Salió de su país en 1996 y reside en Los Ángeles, California.

Guantánamo es un nombre largo, antiguo y sobre todo sonoro, que significa en arahuaco, lengua taína, “tierra de ríos”.  Fue dado por los primeros pobladores a una porción del sudeste cubano penetrada por las aguas y rodeada de montañas bucólicas.  Pero no sólo es sonoro su nombre, también lo es la campiña, fuente y madre de esenciales ritmos musicales.  Las personas del centro y occidente de la Isla dicen que los guantanameros hablamos cantando; es cierto en la mayoría de los casos, sobre todo en la gente de monte adentro.  Es que el guantanamero, guajiro de pura cepa, aprendió el sonido de todas las cosas, del viento, los colores, el tiempo, el silencio...  Sonido y acento que encuentra su eco en la poesía.

  

Difícil es lograr una muestra representativa de la poesía guantanamera.  En ese empeño anda enfrascado el investigador y poeta Augusto Lemus, quien está próximo a publicar su antología  Entre la montaña y el mar; material que recoge más de cien años de poética local.  Y cuando digo difícil, hablo de muchos aspectos involucrados, pero sobre todo del fatalismo geográfico en el que aún vive la ciudad, donde los escritores en general se cuecen en su propia tinta.

Regino E. Boti, primera voz trascendente de Guantánamo y renovador de la poesía cubana en 1913, debió autofinanciarse la publicación de sus libros y todavía no tiene el verdadero reconocimiento que su talla mayor reclama en nuestra lírica.  Mireya Piñeiro Ortigosa hacía una poesía consciente, alta y de un sentimiento exquisito...

                                                

                                                 Lugar de la tibieza, concurrencia

                                                de las aguas; allí la vida canta

                                                su ufanía en eternos nacimientos:

                                                escondido torrente, las mareas

                                                convocan nuevas márgenes y espacios.

                                                 Va mi cuerpo, sin razones ni lastre,

                                                hacia la más extraña cacería:

                                                ciervo de luz, inatrapable curso

                                                 que en mi sangre inaugura resonancias

                                                —salmodia entre bestia y serafín.

                                                                                             Quiero

                                                rendirme eternamente a ese dominio

                                                sin amarras, jubilosa galera.

                                                 ¿Habrá puerto mejor para mi vida

                                                 que el desvalido amparo de tu boca?

                                         

                                                          (De En lo callado de la hoguera, Ed. Unión, 1994)

 

...cuando Marilyn Bobes, Reina María Rodríguez y otras voces femeninas publicaban libro tras libro en la capital del país a finales de los años 70 y principios de los 80.  A Mireya le publicaron por primera vez en 1994 un modesto librito que pasó sin divulgación alguna.  A Germán Guerra, hoy una de las voces líricas cubanas más substanciales, nunca le publicaron; era demasiado joven, rockero e irreverente.  Lo mismo había sucedido con el grupo Ego, primer núcleo de poetas en la historia de la ciudad, que se gestó como tropa en los 80 y fue amordazado.

Los poetas más representativos que alzan la voz a inicios de los 90 los defino como los Nuevos Egos, ya que la mayoría creció bajo el amparo de los miembros de la agrupación de marras.  Pertenecen a una atractiva generación marcada por el desprendimiento y por la ausencia de nostalgia por el terruño, escapan del gueto aldeano y en su búsqueda por nuevas formas y temas, se convierten en poetas del mundo, estrenando diversidad de voces y estilos.  Algunos van a los origenistas y se quedan con ellos, otros recelosos de la tradición, apuestan por allende los mares física o poéticamente, pero en cada uno hay un desenfado que los hace libres a pesar de todo; aunque muchos se pierden en el marasmo: Carlos Manuel Salazar, Mi infancia fue un río de piedras limpias, regresó a su ambiente campestre; Miguel Justo Vázquez, Habrás de volar para ser esa nube, perdió sus pasos por otros horizontes; a Carlos Alberto González,No cierres tus ojos / los delfines del sueño no habitan / en las nubes, una mina antipersonal le apagó la vida y los versos en la frontera con la Base Naval norteamericana; Abelardo Urgelles Orue, este amor es casi un rock sinfónico, se decidió por los colores y los pinceles...

 

Otros siguieron con el cincel y el martillo la lección del viejo maestro, tallando sus diamantes, obrando en silencio.  Son estas ocho voces que presentamos aquí, entre los que se encuentran transgresores, místicos, esteticistas, intimistas y traviesos, pero sobre todo son cuidadosos, vibrantes y líricos, principales características para la buena poesía.

 

No quiero pecar de abrumadora, prefiero dejar que el lector saque sus propias conclusiones sobre estos poetas de la tierra de los ríos, y para ello los dejo con un consejo en palabras de Boti, nadie mejor que él para ofrecérnoslo: Las musas, como los mares, muestran sus tentadores tesoros nada más que a los que penetran en las palpitaciones de sus senos. (...) Las perlas están en el fondo. Baja a buscarlas.