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OTROS ÁMBITOS / GUANTÁNAMO: IMAGEN Y PALABRA (continuación)
Rogelio Obaya Sofía
Y NO SE EMPEÑA EN TONOS MAYORES
A TI
Germán Guerra: La Catedral.   Foto digital.  Guantánamo, 2007.
SINO DELGADO DEL OLEAJE
     
                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Sexta entrega / Abril de 2008
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            Un violín amarillo, bello como el otoño.

                                               F.J.

 

Y no se empeña en tonos mayores:

él sabe cuánta aurora deshilachada

pesa sobre sus cuerdas.

Y no se queda solo ni un instante

aunque tres manos gualdas lo acaricien.

Y no le roba al viento los perfumes

ni se jacta en las ventanas de ser

el color del universo.

Es únicamente un violín desafinado

herido de muerte en el ojal de su memoria.

CONFESIONES DEL HOMBRE PRIMARIO

Conozco la llama pero sé que algo oculta.

Por el momento no es crudo lo que como

ni mi piel es perfecta diana para el frío

—aunque me cuido de no acercarme mucho—.

 

Mientras copulo me doy cuenta que somos dos

y ya es demasiado cuando pienso

que una parte de mí se desparrama

teniendo algo que ver con las estrellas.

 

Espero que mañana todo el verdor que duerme

renazca y me apresure su mixtura luminosa

a los labios que ya saben el canto de la noche.

Nos ganará otro prado rencoroso.

La lluvia con su émbolo adorado

se hará grabar de hirsutas melodías

sobre esa otra testa que se aferra.

 

Palmo de aire a donde van los nombres

rechinando sensibles casi eléctricos.

Nos guiará la espina deseada

el verde visceral ya antiguo

como la misma forma, como el pez.

 

El verbo despasado sienta curso

ya lejos del resorte y el sextante

y la cúpula extinta y de las horas.

 

Ahora es un misterio que se incrusta

en los fuelles silábicos del orto.

Ya no podré mirarte si es de noche.

Un animal lejano se tiñe de silencio.

Late el piano sus levísimas notas

salvadas por distancias desmentidas.

Ya no podré mirarte entre mis manos

en mis huellas menores no te quedas.

 

Se detienen las hojas en su trote diverso:

el mar es una sólida explanada

y en su oscuro abismal yo siembro un curso

renazco en las miserias de la calle

soy el cauto rumor que se preexiste

como sombra chinesca brevemente.

 

Ya no podré nombrarte ante las luces

que se esconden en contra

y a favor del humo.

Y es que no eres más la prisa del otoño

Las pinturas obscenas de los bares

El café derramado en las entrañas.

 

Ya no podré mirarte y es de noche

la noche es mis huesos y mi sangre:

noche de gatos rascando el infinito

un tango, cucarachas y el olvido

a tientas repartiéndose mi centro.

SONETO

Rogelio Obaya Sofía (1964).  Poeta y filósofo.  Estudió en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana la carrera sacerdotal. Tiene publicado el poemario  Al borde de la luz  (1991).  Su obra poética y de reflexión se encuentra dispersa en publicaciones periódicas de Cuba y otros países.  Desde 2000 reside en Santo Domingo, República Dominicana.

No podrán regresar los que se han ido

ni tampoco partir los que han quedado:

este es un juego donde lo pasado

hace veces de todo lo perdido.

 

No podré resistir lo que no ha sido

y permanece a mi pesar cifrado

en la esperanza de lo recordado

y en la ruta sin norte del olvido.

 

Yerra quien halla. Gime el que no encuentra.

Todo es llegar jamás, volver ya nunca

del recóndito surco mal trazado.

 

Todo es morir para quien sale o entra

enarbolando la materia trunca

que comienza y termina sin cuidado.