Crees haber llegado con el nombre
y marcas el sitio para siempre.
Te seduce el agua estancada
la imagen entre dos cielos se desnuda
caes
al presente intocable del presente.
Tu existencia es un vitral
en la mirada atónita del tiempo,
es casi, casi, el tiempo mismo.
Bebes
el agua que sublima el vacío
sientes la nostalgia como el abrazo
insólito de lo eterno.
Eres una puerta que se abre hacia algo
hacia
alguien, crees estar investido
de las formas, y leve sientes el fin
calcado en el fondo de la boca.
La verdad a veces es la maldita
estación
que nos convierte, que nos obliga
a empujar la rama con los ojos.
Buscas una sombra que no disminuya
tu estatura, que te deje
retorcer
bajo los golpes del día.
Crees que hay amor en la caída
que haces, el cuerpo te duele
como la rama que se seca
en el misterio
de la paz.
Al irse el viento, notas que el mundo
es una bola de cristal
una redonda sensación de ser
que marca el sitio para siempre.
No se ha de esperar
el regreso a la tierra abandonada
con los pies heridos
por la estrechez del sendero,
no se ha de esperar el cansancio
para
entender las cosas.
No es volver para darle un lugar al recuento,
para decir a otros que el por ahí es bello
cruel y lastimoso,
no
es volver para notar
cómo están más gruesas las columnas
más hondas las tinajas de la casa.
Se vuelve
y la verdad está en las aguas
que te calman
que te enseñan el nuevo rostro
acompañado de un cuerpo
que merece el perdón.
Se vuelve
y el polvo se desplaza
deja un lugar
en el fuego
para que mueras en paz sin esperarlo.
Hoy crees que todo te ha tocado
menos las palomas que veías
posadas en los vientres
de la gente común.
Decías que el tiempo
era tu compañero de carreras
que no daba descanso
que nunca te abrazaba.
Hoy es su turno, es quien
te recibe
y te muestra lo que es tuyo,
una casa, un jardín
la soledad del canto de los pájaros y el viento.
Hoy le pides a Dios
la
oportunidad de un regreso,
quizás el paisaje dejado
no sea el mismo.
Quizás.
Siempre que sueñes tendrás un camino
pintura cargada de nombres
que dan matices de sacrificio al canto roto
a la idea de tragarnos el
embrujo de toda la gente
de todo el siglo supersticioso y viejo.
Pero hay un límite donde somos reales
donde al caminar recordamos aquella
leyenda
que se parece a la vida
y nos pone puntos cardinales en las manos
porque cada día estamos más lejos
y la poesía de hoy
muere de
quietud y añoranza.
Siempre lo sé
siempre y de tinta en tinta
que cuando la luz es una mujer en las manos del pintor
y lo ama desde el
cuerpo al poema
más mujer de negro y blanco que de artes
la gente se quita lo real maldito
y deja pasar las bandadas de esperanzas
que
emigran del Este marginal
a la barbarie de un dibujo.
Redel Frómeta Noa (1967). Poeta y pintor. Licenciado en Comunicación Social. Ha publicado los poemarios Testamento
unipolar (1996) y Ardor de isla (2001). Obtuvo varios premios de poesía en los certámenes Tomás Savignon, Regino E. Boti y Quijote. Sus poemas aparecen en antologías y publicaciones cubanas y extranjeras. Desde 2003 reside en Vermont, Estados Unidos.