Miladis Hernández Acosta
SHELLEY QUEBRANTA EL SUDARIO EN LAS BENDITAS COSTAS DEL SILENCIO
LITURGIA DE JOHN DONNE
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                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Sexta entrega / Abril de 2008
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para Eva y Clara

 

Avatar la muerte.

Tajar la mueca viperina

que raspa el agua.

Ser el retrato mojado

en la vorágine del arrecife.

 

Saca la mano  Shelley

tortura el horneado sueño

que cuaja desperdicios

exprime la llaga en servidumbre

la herida entumecida    pulverizada en la corriente.

Tomad el negro himen

que percute con manojos de desprecio

la sortija prohibida que descuera la limosna.

 

Sé la hostia mendicante

que cicatriza el atropello

revela el pasmo de la jaula

la insania del musgo que asesina.

 

No es esa orilla la que debemos cruzar.

No es esa libertad la que mendigan las piedras.

 

Avatar.  Avatar el crujido de la noche

más indigna

la pupila parturienta que ensancha

letargos del amor

sobre el diente mortífero que araña la roca.

 

Toca la peste de la proa.

El humor de la bitácora  lastimera

que revienta  eslabones

en las benditas costas del silencio.

No vendrá el eco a salvar

las monedas de esta sombra

ni la ola prematura

podrá devolver el milagro de la conquista

ni siquiera tus ínfimas arrugas

harán revivir la bravura del melindroso pétalo.

La oveja trina más allá del quebranto

resuella la mutilada sed

porque en el susto la maleza cabe

porque sobre el corazón escampa

otro idilio de cruz  amortajada.

 

Saca la lengua y escupe todo cuanto envidia la vida.

Rebota los ojos y perfora el rostro del ahogado

trepanado por cascabeles.

 

Un verso no cabe en un bote.

Un remo no detiene el vinagre que cuelan los adioses.

Un Cirio no drena la vastedad que avarienta el reclamo.

 

Deja que las tres Marías se cansen de esperarte

con la arcada cortamundo que deshila el sudario.

No ha pasado ni una hora

de tanta eternidad consumida.

 

Vamos a despertar

sin esa sordidez que encalla la neblina.

Sin la guadaña que premastica a los peregrinos.

Vamos a macerar las visiones

sin esa ociedad que cancela el cementerio

sin el punzón de espumas

que desdobla las entrañas.

 

Deja que el ancla se aferre a su destino

húndete sin riendas en la blanca modorra

que calcina el aciago Sol.

Sumérgete sin los pájaros

en el turbio orín que demarca el naufragio.

 

Cada hombre oficia un ramo de la deriva.

Cada hombre es un crepúsculo ensangrentado por el cielo.

Joherms Quiala: La piel como riqueza.  Óleo sobre lienzo, 60 x 80 cms., 2000.

Lenguaje; eres demasiado angosto

y demasiado débil para aliviarnos;

la pena máxima no puede alzar la voz.

¡Si pudiéramos acentos suspirar,

llorar palabras.

John Donne

 

Escúpenos en la página Señor

en ella raspo un cáliz

tan frío

como el ámbar que exorcizan mis sienes

ateridas al rasponazo de la voz.

 

Dilo todo de una vez

delira desde el mástil de los gorriones.

Doma el enigma rapaz del clavo

mugriento en la pared.

 

A mí la muerte me ofrenda

con luminoso salitre.

Lenguaje no me humilles no censures mi aridez

no te postres sobre el vaho de las heridas.

 

Envía

el acento que cría al sufriente huesillo

cuesta abajo en el pútrido presagio

de compadecerme

hasta estallar con el grifo clandestino

de la desolación.

 

A mí la muerte me dora

con secas espinas

con el angosto delirio de acampar

sobre el llanto que extralimita

el colgado horizonte.

Íntima unción con el deterioro

de indefinida causa.

 

Tal vez me acechan lerdas nubes.

Tal vez el corazón reitera su húmeda franja

exige la otredad

resucitadora de las palabras

desmesura para hurgar sobre el cadáver

que se estrena con el parto infeliz de la liturgia

con el vocablo mediocre de la oratoria

celestineando.

Manos sin trazos.

Manos sin trazos.

 

¿Qué importa como me llame Dios?

¿Qué importa otro Eunuco en el coro?

Miladis Hernández Acosta (1968).  Poeta y ensayista.  Ha publicado, entre otros libros, Los filos del barro (2000), Memorias del abismo (2004), El conjuro de las runas (2005) y Salmos para el hastío (2005).  Ha recibido premios en los concursos Regino E. Boti, Manuel Navarro Luna y José María Heredia, entre otros, y en el IV Encuentro Iberoamericano sobre la vida y obra de Dulce María Loynaz.  Figura en antologías y publicaciones de Cuba y de diversos países.  Reside en Guantánamo, Cuba.