En las aguas profundas
junto al limo y los sueños
yacen durante años
recuerdos sumergidos
De pronto alguna ráfaga de viento
estremece
el silencio del olvido
Y dejan las paredes del pozo vivencial
surgir los ecos
Sube el nivel del agua
para que la memoria la destile:
Primigenia
mirada hacia lo abierto
Cabinas ambulantes cristales enlodados
Rostros frente a frente invitados
a compartir espacios palabras y alimentos
Me
parece que viajo en un negro cetáceo
Y por primera vez percibo el vértigo
un extraño placer cuando siento alejarme
del árbol de la casa
de la montaña inmóviles
hacia algo diferente incomprensible aún
Entramos y salimos de las fauces
de los oscuros cuerpos serpentinos
que atravesando
habitan en el vientre de las cimas
Mi nariz
parece haber cristalizado
Mis pupilas han traspasado el vidrio
Me dicen que aquella masa inmensa
de azul y sal y aquellas bailarinas
de
encajes que juegan a chocar
con las rocas y a acariciar la arena:
Todo aquello es el mar
El mar que circundamos
Sabor de lo insondable en mi cuerpo pequeño
incapaz de nadar
Se alzan las bridas en las piernas y brazos
no en
los ojos
El mar parece no acabar
Finalmente queda también allá en la lejanía
Una vela una línea el temblor del añil
que anuncia el litoral
Más
cerca ahora la ciudad
Penetramos
en un espacio de ballenas varadas
Y de su gran estómago
como Jonás hemos salido indemnes
Hemos vuelto
a nacer
El viaje primigenio de mi infancia
me ha hecho mudar de piel:
Ser otra
Se percibió desde la ducha
La primera sirena el despertar
de una mañana aún cubierta por la niebla
de invierno el tren de cada día
desembocando
en las mismas estaciones
Ríos de multitud pasos dispersos
Líneas de dirección en diagonal
En paralelo cruzadas divergentes
Cada
cual con su fecha
Cada cual con su hora
Cada cual con su urdimbre
Cada mano con su otra mano hilando
las hebras con que tejer días
y noches
Cada pie con su otro pie trazando
los mortíferos hilos de la araña
Acunados por el silencio de un suave deslizarse
quebrado
con trasfondo de música
Sus ojos infantiles dormitaban aún en el asiento
y apuraban resquicios de ensueño arrebatado
Mientras se dirigían hacia aquel hospital
insistían sus párpados queriendo rescatar
las imágenes de algún extraño sueño
Y de pronto bruscamente
acudieron
No supo a qué retina:
Ese descomunal estruendo de cristales y brazos
Corpúsculos de piel y de metales
Trozos de delicadas
telas desgarradas
Cielo desvanecido en el abismo
Sangre espesor negrura música clausurada
Eso debía de ser el fuego del infierno
Pero
qué dios o dioses siendo
podían permitir tal perversión
Tanto castigo sin su culpa
Aquel horror de pesadilla
Sueño premonitorio:
Marca
indeleble en los ojos de un niño
Goya Gutiérrez (Zaragoza, 1954). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Durante años se ha
dedicado profesionalmente a la enseñanza pública a nivel secundario. Ha publicado los poemarios De mares y espumas (2001), La
mirada y el viaje (2004) y El cantar de los cantares (2006), entre otros. Sus poemas y trabajos críticos han aparecido en diversas
revistas y antologías. Desde 2003 es coeditora y directora de la revista literaria Alga (www.castelldefels.org/alga). Reside en Castelldefels, Cataluña. Para más información, véase www.telefonica.net/web2/goya-gutierrez.