Néstor Hugo Morosetti (Buenos Aires, 1965). Poeta y narrador. Cursó estudios de Perito Mercantil y ha trabajado como periodista. Ha publicado El esquizonauta (2000) y Protometálico (2002). Su obra ha aparecido también en diversas revistas literarias. En la antología Poemas y relatos del sur (2001), publicada en Barcelona, se incluyeron poemas suyos. En 2006 recibió mención de honor en cuento y poesía en el certamen internacional del Instituto Cultural Latinoamericano. Reside en Caseros, Buenos Aires. Los textos que aquí publicamos pertenecen al libro inédito Zoológico de clones.
Tus pechos tienen retenida el agua de mis pensamientos. Mis pensamientos, que trepan palabra por palabra
a tu hocico de yegua que relincha.
En la roca de una montaña yo te encuentro, lleno tu cuerpo de margaritas y trozos de espejos para
que te reflejes distorsionada. Tu cola y tus crines se erizan al ver tu imagen (mezclada con ojos alados). Pero yo he dado dinero
para que esta noche me crezcan pezuñas y monturas soñantes. Para leerte poemas mal escritos o para pintar un triste río en tu vientre.
Mujer
Caballo, recorro como una sombra perdida los médanos de tus caderas, y luego, los lleno de vegetaciones para que pienses en el País
de la Flor y la savia. He alquilado tu cuerpo para que me hagas conocer qué es ser libre en una prisión.
Mis dedos plateados disparan
lunas eléctricas, que avanzan hacia nosotros y se detienen, para mirarnos abrazados como dos momias incas.
Seguramente el tiempo nos separará como un dios imprudente, pero nos volverá a unir, para mezclarnos en un solo color. De todas formas
me mentirás por un momento, y dirás que me amas en estas horas que pasan como marabuntas amarillas. Marabuntas amarillas que emiten
espejismos hacia un hombre, que aparece en un desierto en compañía de su sombra errante.
Niño natural, niño terrible.
No el hijo de tu madre o de tu padre.
Sos nuestro hijo, aullando salvaje.
(Niño salvaje)
Jim Morrison
Niño Tigre... las rayas negras de tu cara
contienen el infinito. Tus ojos “X Amarillos X” se encienden con la noche oscura. Con tus manos trazas tus primeros palotes, parecidos
a las pestañas de tu Maestra Madre. Y tus dientes devoran la sombra que escapa de un vagabundo en las veredas. Y tu novia apoya su
cabeza en tu pecho, para escuchar las descargas eléctricas de los sensores de tu mente.
Niño Feroz... como los nervios crujientes del
lector que ya rechaza mis palabras, de las que estoy arrepentido de hacerle escuchar. Este canto no es para nadie sino sólo para mí.
Hijo
de experimentos burbujeantes en donde tu cuerpo nació de una placenta artificial, a esa brutalidad la llaman: “
Niño Bestial... tu cuerpo mezclado con el de los hombres deja escapar un rugido violeta. Y encima
te obligan a soportar los agravios de los otros niños en esta vida. Nacer no significa el acceso a un sueño, significa que Dios te
ha puesto a sufrir.
Mariposa de metal líquido.
Vuelo de la iguana.
Esperanza en agua quieta.
Estoy cerca de la órbita del Hombre Astral. Mi caparazón
se ha podrido y mi cuerpo espera por un día que me acariciará en mi vejez. Por las calles inteligentes pasan autos que me esquivan.
Pero yo camino rápido. Soy la Mujer Tortuga, aquella que borda los pétalos de la flor salvaje.
Lejos, en el mar. En el atardecer de
todas las cosas, hay un amor que nos espera. Un Hombre Astral que será capaz de amarme. ¿Estará pintado de cielo, o recostado sobre
en una nube violeta?
De mis huevos nacerán fosforescencias. Cantidades de hijos que sombrearán la luna con sus pinceles gigantes. El
mundo está abierto como mi mente, a la que le brotan pájaros que ascienden al espacio.
Quiero apuntar al sol. Quiero borrar toda tristeza
y atrapar a un Hombre Astral. Para ponerlo en mi útero de diamante. Mi útero que resplandecerá cuando ese misterio brille.