Ronel González Sánchez
AL PEQUEÑO
PUERTAS ABIERTAS (final)
NO TE ABANDONO
COMO LADY GODIVA
DE ULISES A PENÉLOPE
PARA OFELIA
(Aquí termina la sección PUERTAS ABIERTAS)
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                        DECIR DEL AGUA / Segundo ciclo / Sexta entrega / Abril de 2008
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Joherms Quiala: Bajo presión.  Óleo sobre lienzo, 95 x 125 cms., 2002.

Pequeño: la aventura se termina

en el comienzo.  No me toques.  Vete.

El sueño que has perdido te somete

a la tribulación. Ya es tarde.  Fina

como la nieve estoy en la colina

dejándome llevar por el grumete

que no eres tú ni la pobreza.  Vete,

por favor.  No soporto la neblina

de esta tarde ridícula que azota

mi mejilla sin luz como una gota

oscura.  El hombre es una sombra huraña,

un aprendiz, un clown, un intruso

que se arriesga a mentir.  Adiós, iluso

bufón, quédate solo en tu cabaña.

No te abandono. Soy un peregrino

y como tal regreso. En otra parte

que desconoces volveré a encontrarte

mostrándome el origen del camino.

 

No te abandono. Sólo te conmino

a una espera de siglos. Sin culparte

de ser causa y efecto del destino

ni de las sombras que disipa el Arte.

 

No te abandono. Te acompaña el mundo

y esos torpes gigantes que confundo

con el aspa soberbia del molino

 

o viceversa. Espérame, Utopía.

Yo siempre volveré de la agonía

a restaurar las piedras del camino.

Yo te recordaré por el abrazo

de la mentira y por el desaliento

no por el desamparo que lamento

ni por la incertidumbre del fracaso.

 

Recordar es inútil. Lo prudente

es el olvido que, a merced de todo,

existe, aunque lo niegue de algún modo

un inmortal poema de Occidente.

 

Pero yo voy a recordarte, amigo.

A pesar del abrazo y de la duda

inmemorial. Yo volveré a tu puerta

 

como el gozque sediento de tu abrigo.

Siempre regresaré, libre y desnuda,

a galopar por tu ciudad desierta.

He venido a decir qué tiempo dura

la sucesión impávida del tiempo

porque bien sé que el tiempo es sólo tiempo

y su añoranza largo tiempo dura.

 

He venido a decir que el tiempo es pura

invención de tus sueños a destiempo

para no resultar un contratiempo

de la memoria eternamente oscura.

 

Entro en el tiempo como en el azogue

de un espejo flamante que asegura

mi pertenencia a su vulgar recinto.

 

Y le doy vida al tiempo en la escritura

antes que el tiempo de una vez me ahogue

en su desmesurado laberinto.

Acuérdate de mí cuando se eleve

en el silencio tu infeliz plegaria

y déjame escuchar la temeraria

caída inexorable de la nieve.

 

Acuérdate de mí si a veces llueve

sobre tu soledad imaginaria

que reduce mi nombre a la precaria

marioneta que un raro viento mueve.

 

Acuérdate de mí que soy la duda

inmemorial y la Verdad desnuda

que no comprende tu mortal pureza.

 

Cierra los ojos y no pienses. Lejos

yo te estaré esperando en los espejos

como una sombra inútil que regresa.

Ronel González Sánchez (Cacocum, Holguín, 1971).  Poeta y ensayista.  Licenciado en Historia del Arte.  Su primer poemario, Si los gorriones olvidaran el cielo, data de 1989.  Tiene publicados más de una veintena de volúmenes y su obra ha recibido numerosas distinciones, entre ellas el Premio Iberoamericano Cucalambé en décima escrita (2006) y el Premio Nacional Eliseo Diego de ensayo (2006).  Entre sus libros recientes se destacan La furiosa eternidad (2000), El Arca de no sé (poesía para niños, 2001),  Selva interior; estudio crítico de la poesía en Holguín (2002), La inefable belleza (2003), La sucesión sumergida  (ensayos, 2006) y Atormentado de sentido: para una hermenéutica de la metadécima (décimas, 2007).  Reside en Holguín, Cuba.